Viaje al pais de las arenas

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… VIAJE AL PAÍS

DE LOS CAMINOS INFINITOS (2).

...me sentía feliz conmigo mismo pero no sólo por haber sido capaz de llegar a Mauritania sino porque para mí esas condiciones ya no me incomodaban y dormir bajo las estrellas me producía un placer inmenso que yo no cambiaba por la habitación de un buen hotel. Parecía que mi casa estaba al otro lado del mundo y mis penas quedaban atrás como unsusurro.

Día 10.- País diferente, problemas similares.

Me despertó un niño pequeño desnudo de cintura para abajo que acariciaba mi barba. Debía ser un sobrino de Mohammed y era bello como casi cualquier cosa que crecía salvaje en esa tierra inhóspita. Su pelo era negro y ensortijado y sus pequeños ojos negros chispeaban frente a mí. Le ofrecí las galletas que quedaban en mi macuto que aceptócon grandes risotadas y un abrazo y algún que otro beso. Yo me sentía plenamente feliz de estar allí.

Ham me acompañó de nuevo a la gendarmería después de haberme ofrecido leche con agua como desayuno. Allí me recibió el jefe que esa mañana estaba de buen humor. Apuntó todos los datos e incluso jocosamente entabló conversación conmigo interesándose por mis planes en Mauritania. Cuando salíestaba completamente convencido que todos mis papeles estaban en regla y ni tan siquiera presté atención sobre si me lo habían sellado o no, confiando en que ellos sabían lo que hacían, lo que posteriormente supe era un perfecto error.

La gran extensión a título de plaza se encontraba rodeada de casas bajas entre las que se encontraban un par de épiceries, la aduana, el hotel de la ciudad queconsistía en un sombrado con alfombra y poca cosa más. En el centro había una caseta con una antena que entendí era lo más moderno que podría haber en Bassikounou. Por lo demás, salvo varias grandes vigas de acero como abandonadas sobre la arena y un camión de transporte que no dejé de ver en ningún momento que permanecí allí. Pregunté en un par de coches la posibilidad de ir a Nema y me dijeron queefectivamente irían ese día pero el precio me pareció desorbitado. Cambié dinero en una de las épiceries y me fui a tomar algo a la sombra de la otra cerca de los vehículos. Allí me encontraba leyendo un libro de Reverte y no sé por qué pero me atenazó el recuerdo de mi princesa con quien me imaginaba bailando un vals a ritmo lento, como flotando sobre una tarima imaginaria, dejándonos llevar porla música, amando el tacto de su piel como antes y... me desvanecí. Caí de bruces sobre la arena. Me debí despertar enseguida porque ni Ham ni nadie de los que estaba cerca de mí se acercó a recogerme del suelo. Me incorporé con sangre chorreando sobre mi mejilla sin saber muy bien donde estaba observando la mirada extraña de Ham que no alcanzaba muy bien a entender lo que sucedía. Me encontrabamareado y fuera de mí y me tendí sobre la arena para recuperarme. Sería por el calor o por la escasa alimentación de los últimos días o porque había dejado de tomar los medicamentos para la depresión o porque simplemente a miles de kilómetros mi princesa seguía actuando sobre mí debilitándome no solo en mi conciencia sino en mi propio ser. La recordaba con un amor incomprensible pero puro y sinesperanzas.

Cuando me recuperé mínimamente busqué al chofer de otro de los camiones que vi estacionados. Me prometió me podría llevar no solo a Nema sino al cruce con Moudjéria sobre la carretera principal, bueno, mejor dicho sobre la única carretera que existía en Mauritania, y que saldrían esa misma noche. Me tomé el té con él después de acordar el precio mientras un par de mujeres obesas memandaban besos provocándome y citándome para casarme con alguna de ellas burlonamente.

El día transcurría sin más esperando que pudiéramos salir. A la hora de la comida, el sirviente negro y el resto de los ocupantes del camión me reclamaron para comer con ellos pero preferí seguir tumbado en la sombra de la épicerie cercana. Después me acerqué a tumbarme en la manta bajo el camión del que...
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