Viaje a guatemala

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  • Publicado : 25 de febrero de 2011
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VIAJE A GUATEMALA
El viajero que quiera conocer la Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Santiago de los Caballeros, conocida mejor como “Antigua Guatemala”, debe pagar el tributo de bajar del avión en la peligrosa ciudad capital de Guatemala, cuyo nombre es el mismo del país. Si alguien quiere reposar del largo viaje transatlántico en la ciudad de Guatemala, deberá contratar, desde el país de origen,los servicios de los minibuses que los principales hoteles ponen a disposición del turista. No deberá, en ningún caso, contratar un taxi, por más seguro que parezca, a causa de la mala costumbre de algunos taxistas de desvalijar a sus pasajeros a mitad del camino.
Si, en cambio, desea evitar la capital, los mismos hoteles de Antigua ofrecen un servicio de transporte desde el aeropuerto a laciudad colonial. El viaje dura menos de una hora y vale la pena contratarlo a través de una agencia turística. Una autopista de montaña lo llevará hasta las alturas de Santa María Milpas Altas, donde a veces se encuentra la niebla de las montañas encumbradas. De allí se desciende por la cuesta de Las Cañas, un empinado rosario de toboganes que llevan al templado valle en donde se asienta una de lasciudades más fascinantes de la América hispana.
La magia de Antigua no está en el estallido de colores de sus casas que parecen pintadas con crayones pastel, ni en las bugambilias que desbordan de los muros que clausuran patios sevillanos, ni en las ruinas monumentales de sus viejas iglesias coloniales, ni en la geometría perfecta de sus calles, trazadas a cordel según el campamento que losReyes Católicos construyeron para asediar a Granada. La magia de Antigua está en el ambiente sereno y reposado, en donde el tiempo parece despreciar la existencia de los relojes, inútil ornamento en un lugar que parece suspendido en una nube mítica.
Cubre la ciudad y la protege, con majestad indiscutible, el Volcán de Agua, cuya omnipresencia, lejos de asustar, tranquiliza. El viajero que entra ala Antigua deja a sus puertas toda ansia, y se deja llevar por el ambiente somnoliento de una ciudad cuya belleza es misteriosa y palpable. No se necesita automóvil para recorrer ese viejo convento extendido al que llaman ciudad. Más, el automóvil es un estorbo, a la vista y al oído.
Hay urgencia de ver la Plaza Central, con una fuente que imita a la de Juan de Bolonia, en donde deambulanturistas rubios acompañados por parlanchines guías locales, seguramente parte de la civilización cakchikel, que domina estas partes. Con el ordenamiento establecido por las autoridades españolas, que parecieran deliberar detrás de las columnas simétricas del Palacio de los Capitanes Generales, en los costados de la Plaza se enfrentan la Catedral (destruida, como el resto de la ciudad, por losterremotos de 1773), la Municipalidad, el Portal del Comercio y la Gobernación.
De ese cuadrado parten las calles que llevan a las iglesias y conventos, algunos reconstruidos con perfección, otros destruidos a mitad. Digna de verse es la iglesia de la Merced, con su convento anexo. Los constructores coloniales no eran arquitectos, sino que confiaban a los maestros de obra, albañiles indígenas, lasilustraciones de los libros de Andrea Palladio y de Sebastián Serlio. De esa base partían los artistas locales, que añadían al barroco llevado por los españoles, el gusto de los descendientes de los mayas. La coincidencia estaba en el horror vacui: no había espacio sin decorar. Los temas de las decoraciones mezclaban los clásicos motivos religiosos a motivos del paganismo grecorromano, y por si hicierafalta, también motivos locales. Santos venerados se encuentran acompañados por alegres sirenas, cuya desnudez no los inmuta. Y los motivos floreales escalan las columnas, con plantas propias del lugar.
De lejos, algunas iglesias parecen dulces de mazapán, con un color amarillo que se recorta contra el eterno cielo azul, sin tacha, que domina el valle. Se va de asombro en asombro. La Posada...
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