Vida en comunidad, citas, bonhoeffer

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Contrariamente a lo que podría parecer a primera
vista, no se deduce que el cristiano tenga que vivir ne-
cesariamente entre otros cristianos. El mismo Jesucristo
vivió en medio de sus enemigos y, al final, fue abando-
nado por todos sus discípulos. Se encontró en la cruz
solo, rodeado de malhechores y blasfemos. Había veni-
do para traer la paz a los enemigos de Dios. Por esta ra-zón, el lugar de la vida del cristiano no es la soledad del
claustro, sino el campamento mismo del enemigo. Ahí
está su misión y su tarea. «El reino de Jesucristo debe
ser edificado en medio de tus enemigos. Quien rechaza
esto renuncia a formar parte de este reino, y prefiere vi-
vir rodeado de amigos, entre rosas y lirios, lejos de los
malvados, en un círculo de gente piadosa. ¿No veisque
así blasfemáis y traicionáis a Cristo? Si Jesús hubiera
actuado como vosotros, ¿quién habría podido salvar-
se?» (Lutero).
Pag 9
Es voluntad de Dios que
la cristiandad sea un pueblo disperso, esparcido como la
semilla «entre todos los reinos de la tierra» (Dt 4, 27).
Esta es su promesa y su condena. El pueblo de Dios de-
berá vivir lejos, entre infieles, pero será lasemilla del
reino esparcida en el mundo entero.
Pag 10

Así queda cla-ra la meta de toda comunidad cristiana: permitir nuestro
encuentro para que nos revelemos mutuamente la buena
noticia de la salvación. Esta es la intención de Dios al
reunirnos. En una palabra, la comunidad cristiana es
obra solamente de Jesucristo y de su justicia «extranje-
ra».
Pag 15Cuando Dios se hizo misericordioso revelán-
donos a Jesucristo como hermano, ganándonos para su
amor, comenzó también al mismo tiempo a instruirnos
en el amor fraternal. Su misericordia nos ha enseñado a
ser misericordiosos; su perdón, a perdonar a nuestros
hermanos. Debemos a nuestros hermanos cuanto Dios
hace en nosotros. Por tanto, recibir significa al mismo
tiempo dar, y dar tantocuanto se haya recibido de la mi-
sericordia y del amor de Dios. De este modo, Dios nos
enseña a acogernos como él mismo nos acogió en Cristo.
«Acogeos, pues, unos a otros como Cristo os acogió»
(Rom 15,7).

Pag 17

Solamente Jesucristo fundamenta la comunidad que na-
ce, o nacerá un día, entre dos creyentes. Cuanto más au-
téntica y profunda llegue a ser, tanto másretrocederán
nuestras diferencias personales, y con tanta mayor c1ari-
dad se hará patente para nosotros la única y sola reali-
dad: Jesucristo y lo que él ha hecho por nosotros. Úni-
camente por él nos pertenecemos unos a otros real y to-
talmente, ahora y por toda la eternidad.

Pag 17-18

En adelante, debemos renunciar al turbio anhelo
que, en este ámbito, nos empuja siempre adesear algo
más. Desear algo más que lo que Cristo ha fundado en-
tre nosotros no es desear la fraternidad cristiana, sino ir
en busca de quién sabe qué experiencias extraordinarias
que uno piensa que va a encontrar en la comunidad cris-
tiana y que no ha encontrado en otra parte, introducien-
do así en la comunidad el turbador fermento de los pro-
pios deseos. Es precisamente en esteaspecto donde la
fraternidad cristiana se ve amenazada -casi siempre y
ya desde sus comienzos- por el más grave de los peli-
gros: la intoxicación interna provocada por la confusión
entre fraternidad cristiana y un sueño de comunidad pia-
dosa; por la mezcla de una nostalgia comunitaria, pro-
pia de todo hombre religioso, y la realidad espiritual de
la hermandad cristiana. Por eso esimportante adquirir
conciencia desde el principio de que, en primer lugar, la
fraternidad cristiana no es un ideal humano, sino una rea-
lidad dada por Dios; y en segundo lugar, que esta reali-
dad es de orden espiritual y no de orden psíquico.

Pag 18

En su gracia, no permite que
vivamos ni siquiera unas semanas en la comunidad de
nuestros sueños, en esa atmósfera de experiencias...
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