Vida pasion y muerte del mexicano

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  • Publicado : 8 de marzo de 2012
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amigos íntimos, otro chubasco más líquido y torrencial, cual debe ser: con mucho viento,en alguna cantina del centro de la ciudad que pueda llamarse, por ejemplo, "La vida enRosa" o "La Silla Eléctrica"...Las amigas van llegando a casa con la impuntualidad de costumbre. Un besito en lamejilla. Aquí te traigo para el niño.La mamá acomoda en la mesita de centro de la sala la alegre lluvia deregalos, muy frescay muy fina, una horrible sonaja, un chupón de plástico, unos cuentos de Walt Disney por si al niño le alcanzara la Campaña de Alfabetización, un osito de peluche con que seanticipa la madrina, unos zapatos tejidos por las milagrosas manos de la suegra, unamedalla de San Gerardo, indecible protector de mujeres en trance, y algunas pantimedias por si resulta niña. Sería mejor, ¿no teparece? Los hombrecitos son muy trabajosos.Después de una inevitable discusión sobre los sexos y un tupido intercambio de remediosy tratamientos para ahora que salgas de la clínica con la ayuda de Dios, las amigas seechan su ronda de barajas, mientras la próxima señora madre reparte furiosamente pastitas y canapés. Están riquísimos. A ver si me das la receta. Siéntate, yo te ayudo.Debes cuidarte lomejor que puedas. No vayas a romper el ayuno al cuarto para las doce.En eso llega el fotógrafo de la página de sociales. Todas las señoras enmudecen.Increíblemente. Como si la voz y el interminable parloteo les fuera a quedar grabado enla fotografía. Que tomen nota los maridos. Cuando no puedan callar a su mujer, basta ysobra con que le pongan enfrente una cámara fotográfica. Santo remedio.Entiempos de don Porfirio Díaz, tan afrancesados como fueron, surgió la historia de quelos niños mexicanos venían de París, donde de seguro estarían las fábricas produciendoinfantes en cantidades industriales a fin de surtir las excesivas demandas hasta por unosdos millones de niños al año. Lo que suponía para México un desfavorable estado en la balanza comercial, pues de aquí para allá no mandábamos niun esmirriado escuincle demuestra.Si ayer se encargaban los niños a París, hoy dichosamente nacen en el Instituto Mexicanodel Seguro Social. O deberían nacer; porque la mismísima Secretaría de Salubridadafirma que el setenta por ciento de los mexicanos, mucho más de un millón de niños alaño, son extraídos a la luz por líricas comadronas de pueblo, vejezuelas ignorantes,rinconeras nada higiénicasque curan la cicatriz umbilical con tierrita del bracero, sin queesto obste para que las parturientas las prefieran a los médicos. Porque como ellas dicencon toda razón, ¿qué puede saber de esto un médico si él nunca ha parido?De tal manera el mexicano ha adquirido conciencia de nacer en México y no en París,que a fin de demostrar su mexicanidad por todos cuatro costados, canta una canción quediceasí:
Yo soy puro mexicano,nací bajo de un nopal,del nopal que está en el centrodel escudo nacional.
Como prueba de que el mexicano nace en México, ninguna más contundente que esta fede nacimiento otorgada nada menos que por el escudo nacional, aunque el orgullonacionalista resulte un poco incómodo desde que al pobre advenedizo lo espera unespinoso nopal por blanda cuna. Pero así se liquidan,con un verso, treinta años o más deintervención francesa.


Apenas el llanto del nuevo ser irrumpe en la región más transparente del aire, cuandomadre, padre, hijos y demás familia, empiezan como a ahogarse por preguntar con quésexo vino marcado al mundo el último de los mexicanos.A nadie interesa conocer si nació vivo o muerto, completo o mutilado, si llegó con saludo enfermedad, si el peso fuenormal de acuerdo naturalmente con nuestra tercadesnutrición; lo que preocupa averiguar es la condición orgánica, anatómica y fisiológicaque distingue al macho de la hembra. Y cuando la partera se asoma a la puerta a dar elveredicto, salen de estampida los hermanos y demás parientes para anunciar la buenanueva a la rosa de los vientos. "Fue niña". Entonces la mamá guarda cuidadosamente...
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