Vivir en la calle

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Relato de una experiencia real vivida en las calles de Buenos Aires
(Verano del 2001)

LVIVIR EN LA CALLET
Beatriz Becerra Psicóloga Social

Durante tres meses estuve viviendo en las calles de Buenos Aires. Una noche, acomodé un poco de ropa y algunos artículos personales en un bolso. Alcé a mi gato regalón en brazos y los dos salimos a la calle. Dejé mi gato, con mucha angustia en unlugar de Paseo Colón, súper habitado por otros gatos, me despedí de él y lo dejé con la íntima esperanza que fuera rápidamente aceptado por los de su especie y angustiada por la separación, simplemente seguí caminando.
Un hombre mayor, me pidió un cigarrillo, estaba medio borracho. Creo que le di más de un cigarrillo, lo que aparentemente le agradó. Yo estaba llorando, sentada sobre mi bolso, enpleno duelo por la separación de mi gato. El hombre se alejó unos pasos, y regresó: ”Qué te pasa?” me preguntó. “Me quedé sin lugar donde vivir, estoy en la calle y no sé que hacer ni a dónde ir” le respondí. Volvió a preguntar: ¿“Desde cuando estás en la calle?”. “Desde hace pocas horas” le dije. Se sentó a mi lado, en la vereda, estuvo en silencio unos minutos, prendió uno de los cigarrillos que lehabía dado, me extendió la mano y se presentó: “Yo soy El Pájaro, cómo te llamás? “Yo soy Betty”, le dije. Fumó su cigarrillo, sin decir palabra, pensando.
Confieso que tuve miedo, estaba sentada en la vereda, la espalda apoyada contra la pared, hablando con un perfecto desconocido medio borracho, en un lugar poco transitado a esa hora de la noche, su vestimenta se veía muy sucia y olía a orina.En un momento se levantó, me tendió amablemente su mano para ayudarme a levantarme, y simplemente me dijo: “Vení conmigo, no te podés quedar acá…es mal lugar para una mina sola” y empezó a caminar. Tomé mi bolso y lo seguí. Por el camino me dijo que iríamos a un lugar con otras personas que, como nosotros, vivían en la calle: “De paso vamos a ver si conseguimos algo para comer…”
El pájaroentraba en restaurantes y de muy mala manera lo sacaban, ya que su borrachera era demasiado evidente, lo hizo en varios lugares, algunos maxi quioscos y restaurantes, yo lo esperaba en la vereda, no conseguimos nada y comenzó a molestarse, lo que aumentaba mi ansiedad y miedo, inclusive, en algún momento pensé en regresar a casa y dejarme de joder con esto de vivir la marginalidad desde adentro comoexperiencia vivencial y todo lo demás, pero la curiosidad pudo más que las ganas de regresar a la comodidad de mi cama y lo seguí.
Fue así que llegamos a la vereda de la Municipalidad de Buenos Aires, donde estaban otras personas, todos hombres, pidiendo monedas a la gente que pasaba caminando. Se agruparon alrededor nuestro cuando vieron que el Pájaro llegaba con alguien. Me senté junto a él enlas escaleras, y me presentó al grupo: “Ella es Betty, se quedó en la calle hoy, no sabe como es vivir como nosotros, así que tiene que aprender, le prometí que le vamos enseñar y la vamos a cuidar...” Todos estuvieron de acuerdo inmediatamente, y alguien me dijo que me quedara sentada “viendo como venía la mano”.
La alegría de haber sido aceptada con tanta facilidad, y el compromiso creíble detodos ellos de cuidarme, hicieron que mi temor se diluyera. En todo momento me sentí protegida por ellos, respetada, me preguntaban si había comido y me ofrecían facturas, algún sandwich improvisado con un pedazo de pan con sardinas y queso. A partir de ahí mi función era quedarme sentada aprendiendo las diferentes técnicas de “trabajo” como ellos decían. Cuando alguien les daba un cigarrillo, no melo ofrecían directamente, sino que lo dejaban muy cerca mío, sin mirarme siquiera, pero entendí que era una forma de bienvenida y aceptación implícita. El Pájaro se recostó en un escalón y quedó dormido casi inmediatamente, me senté a su lado y comencé a observar.
Uno de los integrantes del grupo era el Paraguayo, de alrededor de 65 años, con una especial habilidad para los juegos de ingenio,...
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