Walter ferguson, empezar a los noventa

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Walter Ferguson
Empezar a los noventa

Yazmín Ross
A los 90 años, Walter Ferguson recién comienza a saborear las mieles de la fama, de los premios a su trayectoria, de las visitas continuas de gente que quiere sacarse fotos con él, sin duda el personaje más popular y querido de Cahuita, aldeacaribeña que considera a este singular calypsonian como uno de sus fundadores.

Este jueves 7 de mayo, un día de suave brisa y cálidas fragancias, Walter Ferguson entró a una nueva década: “estoy empezando los 90”, dice con modestia y aunque la cifra es un récord en su familia, él no hace ningún tipo de ostentación. Su vida se confunde con la historia de Cahuita, aldea de pescadores que setrasladó al sitio actual en 1914, 5 años antes de que Ferguson naciera. Mr Gavitt, como también lo llaman, es el cronista por excelencia de la vida caribeña y aunque compuso más de 80 calypsos, los mejores aún están por escribirse o musicalizarse. Se trata de sus propias anécdotas de músico naturalmente dotado para tocar el piano con un solo dedo, el clarinete al revés, para entenderse con unaguitarra, un ukelele o una armónica; o bien para contar su ingenua relación con la modernidad.
El fin de semana pasado, Ferguson aceptó rememorar o brindar nuevos detalles de algunos episodios de su vida y de Cahuita, mientras legiones de visitantes pasaban frente a su casa en dirección al Parque Nacional, en busca de los perezosos, los cariblancos, los monos aulladores y los increíbles parajes quebrinda esta zona protegida, no sin antes saludarlo, detenerse a pedirle un autógrafo o preguntarle si aún vende sus memorables cassettes en los que ofrecía conciertos únicos.

El pianista de un solo dedo
A los 6 años, su mamá lo mandó con la tía Doris, dueña del mejor piano de Limón, con la esperanza de que le permitiera practicar. “Mi madre cantaba todo el día y a veces paraba de cantarpara escucharme a mí”. Su nombre era Sara Byfield. Ella fue la primera en detectar el talento musical de su hijo y en disuadirlo de hacer una vida de finquero como se estilaba en la zona. El pequeño Walter tocaba el piano a escondidas de la tía Doris porque ella no quería enseñarle. Un día, Miss Weeks, la mejor maestra de música del puerto, se acercó atraída por las notas melodiosas. “Yo vi suretrato reflejado en el piano”. Cuando Miss Weeks se dio cuenta de que el niño tocaba con un solo dedo y que los otros nueve no los utilizaba para nada, pegó el grito en el cielo: “Paren a ese muchacho, porque así nunca va a aprender a leer música”. En efecto, Walter nunca aprendió por los caminos convencionales. Eso no le impidió entenderse con todos los instrumentos que cayeron en sus manos.Silbaba con tanta habilidad que parecía que se había tragado un clarinete. Gracias a esa habilidad, Mr Lleluin un clarinetista de Penshurt le cedió el suyo. Se lo dio desarmado en tres partes. Era un día de octubre a las 4 de la tarde, al otro día a las 2 de la tarde Ferguson ya estaba tocando con gran soltura. “Mr Lleluin era ciego, pero se dio cuenta que yo estaba tocando al revés. ¡Agárrase bien! -ledijo-. Esto se toca con la mano izquierda arriba y la derecha abajo, pero yo estaba fallando y fallando, así que toqué a mi estilo”. Otro hombre sorprendido por su fluidez dijo: “me como el sombrero si este muchacho no estudió en algún lado. El hombre tuvo que comerse el sombrero”, recuerda Ferguson con aire de travesura.

La fama por 17 dólares
En los años 60´s, Mr.Gavitt se enteró de que en Estados Unidos existía una compañía de compositores: Hollywood Tunes Smith que ofrecía registrar las canciones y eventualmente catapultarlas a la industria discográfica. La cuota de inscripción era de 17 dólares con 85 centavos. Su madre no tenía dinero pero tenía fe, una fe ciega en su hijo, así que consiguió los 17 dólares con 85 centavos. “Con esa plata podía ser parte...
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