Yo robot

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  • Publicado : 28 de septiembre de 2010
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1 Robbie
--Noventa y ocho... noventa y nueve... ¡cien! -Gloria retiró su mórbido antebrazo de delante de los ojos y permaneció un momento parpadeando al sol. Después, tratando de mirar en todas direcciones a la vez, avanzó cautelosamente algunos pasos, apartándose del rbol contra el que se apoyaba.
Estiró el cuello, estudiando las posibilidades de unos matorrales quehabía a la derecha y se alejó unos pasos para tener mejor punto de vista
La calma era absoluta, a excepción del zumbido de los insectos y el gorjear de algún p jaro que afrontaba el sol de mediodía.
--Apostaría a que se ha metido en casa, y le he dicho mil veces que esto no es leal -se quejó.
Avanzando los labios con un mohín y arrugando el entrecejo, se dirigiódecididamente hacia el edificio de dos pisos del otro lado del camino.
Demasiado tarde oyó un crujido detr s de ella, seguido del claro "clump-clump" de los pies metálicos de Robbie. Se volvió r pidamente para ver a su triunfante compañero salir de su escondrijo y echó a correr hacia el rbol a toda velocidad. Gloria chilló, desalentada.
--¡Espera, Robbie! ¡Esto no esleal, Robbie! ¡Prometiste no salir hasta que te hubiese encontrado! -Sus diminutos pies no podían seguir las gigantescas zancadas de Robbie. Entonces, a tres metros de la meta, el paso de Robbie se redujo a un mero arrastrarse y Gloria, haciendo un esfuerzo final por alcanzarlo, echó a correr jadeante y llegó a tocar la corteza del rbol la primera.
Orgullosa, se volvió hacia el lealRobbie y con la más baja ingratitud, le recompensó su sacrificio mofándose de su incapacidad paracorrer.
--¡Robbie no puede correr! -gritaba con toda la fuerza de su voz de ocho años-. ¡Lo gano cada día! ¡Lo gano cada día! -cantaban las palabras con un ritmo infantil.
Robbie no contestó, desde luego...
con palabras. Echó a correr, esquivando a Gloria cuando laniña estaba a punto de alcanzarlo, oblig ndola a describir círculos que iban estrech ndose, con los brazos extendidos azotando el aire.
--¡Robbie... estáte quieto! -gritaba. Y su risa salía estridente, acompañando las palabras.
Hasta que Robbie se volvió súbitamente y la agarró, haciéndole dar vueltas en el aire, de manera que durante un momento para ella el universo fue unvacío azulado y los verdes rboles que se elevaban del suelo hacia la bóveda celeste. Y después se encontró de nuevo sobre la hierba, al lado de la pierna de Robbie y agarrada todavía a un duro dedo de metal.
Al poco rato recobró la respiración. Trató inútilmente de arreglar su alborotado cabello con un gesto de vaga imitación de su madre y miró si su vestido se había desgarrado.Golpeó con la mano la espalda de Robbie. --¡Mal muchacho! ¡Malo, malo! ¡Te pegaré!
Y Robbie se inclinaba, cubriéndose el rostro con las manos, de manera que ella tuvo que añadir: --¡No, no, Robbie! ¡No te pegaré!
Pero ahora me toca a mí esconderme, porque tienes las piernas más largas y me prometiste no correr hasta que te encontrase.
Robbie asintiócon la cabeza -pequeño paralelepípedo de bordes y ngulos redondeados, sujeto a otro paralelepípedo más grande, que servía de torso, por medio de un corto cuello flexible- y obedientemente se puso de cara al rbol. Una delgada película de metal bajó sobre sus ojos relucientes y del interior de su cuerpo salió un acompasado tic-tac.
--Y ahora no mires, ni te saltes ningún número -leadvirtió Gloria, mientras corría a esconderse.
Con invariable regularidad fueron transcurriendo los segundos, y al llegar a cien se levantaron los p rpados y los ojos colorados de Robbie inspeccionaron los alrededores. Al instante se fijaron en un trozo de tela de color que salía de detr s de una roca. Avanzó algunos pasos y se convenció de que era Gloria.
Lentamente,...
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