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Federico García Lorca
La casa de Bernarda Alba
Drama de mujeres en los pueblos de España
Personajes
BERNARDA, 60 años
ANGUSTIAS (hija de Bernarda), 39 años
MAGDALENA (hija de Bernarda), 30 años
BRUNO (hijo de Bernarda), 27 años
MARTIRIO (hija de Bernarda), 24 años
ADELA (hija de Bernarda), 20 años
LA PONCIA (criada), 60 años

Acto primero
Habitación blanquísima del interiorde la casa de Bernarda. Muros gruesos. Puertas en arco con cortinas de yute rematadas con madroños y volantes. Sillas de anea. Cuadros con paisajes inverosímiles de ninfas, o reyes de leyenda. Es verano. Un gran silencio umbroso se extiende por la escena. Al levantarse el telón está la escena sola. Se oyen doblar las campanas.

PONCIA. Treinta años lavando sus sábanas, treinta años comiendosus sobras, noches en vela cuando tose, días enteros mirando por la rendija para espiar a los vecinos y llevarle el cuento; vida sin secretos una con otra, y sin embargo, ¡maldita sea!
BERNARDA. (A la poncia.) ¡Silencio!

BERNARDA. Debías haber procurado que todo esto estuviera más limpio para recibir al duelo.

BERNARDA. (A sus Hijas). a criticar todo lo que habéis visto! Ojalá tardéismuchos años en volver a pasar el arco de mi puerta.
BERNARDA. En ocho años que dure el luto no ha de entrar en esta casa el viento de la calle. Mientras, podéis empezar a bordar el ajuar. En el arca tengo veinte piezas de hilo con el que podréis cortar sábanas y embozos. Magdalena puede bordarlas.
MAGDALENA. Lo mismo me da.
ADELA. (Agria.) Si no quieres bordarlas, irán sin bordados. Así lastuyas lucirán más.
MAGDALENA. Ni las mías ni las vuestras. Sé que ya no me voy a casar. Prefiero llevar sacos al molino. Todo menos estar sentada días y días dentro de esta sala oscura.
BERNARDA. Eso tiene ser mujer.
MAGDALENA. Malditas sean las mujeres.
BERNARDA. Aquí se hace lo que yo mando. Hilo y aguja para las hembras. Látigo y mula para el varón. (Salen y se queda Bernarda y Poncia.)PONCIA. ¡tus hijas están ya en edad de merecer! Demasiada poca guerra te dan. Angustias ya debe tener mucho más de los treinta.
BERNARDA. Treinta y nueve justos.
PONCIA. Figúrate. Y no ha tenido nunca novio...
BERNARDA. (Furiosa.) ¡No, no ha tenido novio ninguna ni les hace falta! .
BERNARDA. Los hombres de aquí no son de su clase. ¿Es que quieres que las entregue a cualquier gañán?PONCIA. Debías haberte ido a otro pueblo.
BERNARDA. Eso, ¡a venderlas!
PONCIA. No, Bernarda; a cambiar... ¡Claro que en otros sitios ellas resultan las pobres!
BERNARDA. ¡Calla esa lengua atormentadora!
PONCIA. Contigo no se puede hablar. Tenemos o no tenemos confianza.
BERNARDA. No tenemos. Me sirves y te pago.
(salen y entra Bruno y Martirio, despues Magdalena)
MARTIRIO. ¿Te fijaste?Adelaida no estuvo en el duelo. (
BRUNO. Ya lo sabía. Su novio no la deja salir ni al tranco de la calle. Antes era alegre. Ahora ni polvos se echa en la cara.
MARTIRIO. Ya no sabe una si es mejor tener novio o no.
BRUNO. ¡ no digas eso! Enrique Humanes estuvo detrás de ti y le gustabas.
MARTIRIO. ¡Invenciones de la gente! Una noche estuve en camisa detrás de la ventana hasta que fue dedía porque me avisó con la hija de su gañán que iba a venir, y no vino. Fue todo cosa de lenguas. Luego se casó con otra que tenía más que yo.
BRUNO. Y fea como un demonio.
MARTIRIO. ¡Qué les importa a ellos la fealdad! A ellos les importa la tierra, las yuntas y una perra sumisa que les dé de comer.
BRUNO. ¡Ay hermana! (Entra Magdalena.)
MAGDALENA. ¿Qué hacéis?
MARTIRIO. Aquí.
BRUNO. ¿Ytú?
MAGDALENA. Vengo de correr las recámaras.
MARTIRIO. ¿Y Adela?
MAGDALENA. ¡Ah! Se ha puesto el traje verde que se hizo para estrenar el día de su cumpleaños, se ha ido al corral, y ha comenzado a voces: «¡Gallinas, gallinas, miradme!». ¡Me he tenido que reír!
BRUNO. ¡Si la hubiera visto nuestra madre!
MAGDALENA. ¡Pobrecilla! Es la más joven de nosotras y tiene ilusión. ¡Daría algo...
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