Zonido latino

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Marina, mi puta linda (primera parte)
Era una comisión más, un día normal de trabajo.
- Tienes que ir a una campaña de vacunación contra la rubeola- me dice Pepe Olano, encargado de repartir las comisiones
- Ok, ok… ¿dónde es? – pregunto con poquísimas ganas de trabajar un viernes a las seis de la tarde
- Es en el “Trocadero” mi amor, van a vacunar a las putas, no se te ocurra dejarme poralgunas de esas niñas malas porque si no te araño- me dijo al tiempo en que acariciaba mi barba.
Le fascinaba hacer de marica al buen amigo Pepe, o “la Olano” como también lo llamábamos, le encantaba contarnos algún chismecito empezando con su clásica “ay hija te cuento…”. Él y sus afeminados arranques eran el chiste de todos los días.
“El Trocadero” es uno de los prostíbulos más conocidos en Limay justo allí el alcalde del Callao Alex Kouri, decidió empezar una campaña contra la rubeola, preparándose, de esta forma, para la campaña electoral que se avecina.
Me subo al carro del diario y el viaje hasta el puerto me resultó demasiado acogedor, salvo la canción de José Luis Perales que estaba en la radio (detesto a José Luis Perales, me parece un llorón insufrible), y, mientras trataba deignorar la melodía, poco a poco me entregaba a la nada. Pensé en la playa, en una copita de vino, en los ojos negros de Penélope Cruz y vi caer estrellas en el mar mientras Perales cantaba:
“El amor es llorar cuando nos dice adiós,
el amor es soñar oyendo una canción…”
Y dormí.
- ¡Señor sus documentos!
- ¿Ah?
- ¡Sus documentos!
- ¿Hay que entregar documentos? – le pregunto somnoliento aMauricio Ottiniano el redactor que me acompaña, mientras el guardián del “Troca” se desinfla por mi lentitud
- Así parece – Me responde malhumorado Mauricio desde el asiento delantero mientras el chofer se saca unos residuos de comida de entre sus dientes.
Le extendí el brazo con mi carné de prensa entre los dedos, sin decirle nada.
- ¡Adelante! – ordenó el guardián, de pésima actitud, luego desostener mi identificación.
- No, atrás. Gordo huevón – dijo en voz baja “pecho de gato”, mientras ponía primera y arrancaba su Toyota blanco del 96.
Ya dentro del prostíbulo vimos la cola que formaban las prostitutas para recibir la vacuna en el hombro, mientras el alcalde, bien peinado y con el símbolo de su partido estampado en el polo, regalaba a las cámaras su mejor sonrisa.
Para variar,llegamos tarde, ya había empezado toda la faena.
- Puta mare, llegamos tarde– dijo Mauricio- ojalá que por lo menos hayan buenas putas ¿no?
- No creo- le dije todavía adormecido por el sueño interrumpido.
Hice la cobertura gráfica de la campaña de vacunación. Mauricio terminó con las preguntas al alcalde y a algunas de las chicas que se cubrían la cara y gran parte de sus cuerpos con sábanas cuandoveían alguna cámara enfocándolas.
Pero, en un rincón del prostíbulo, al margen de todo el movimiento y cuando ya tenía todas las fotos requeridas, me encontré sumergido en una gran incertidumbre. Pensé en escabullirme de entre la seguridad, el alcalde y los amigos periodistas; y, luego, pasearme por dentro de los pasajes del burdel y convencer a alguna de las chicas para hacerles fotos dentro desus cuartos.
Quería, y hasta cierto punto necesitaba, invadir con mi cámara (y con su permiso, claro está) el interior de su nido sexual, de su casa laboral, quería ver y retratar a las putas del “troca” dentro de esos cuatro metros cuadrados que significan su fuente de ingreso y, por qué no, de placer.
Y así, con esa comidilla producida por las ganas de hacer algo indebido, de hacer unapequeña travesura burlando la seguridad y tratando de maquinar una excusa razonable si me atrapan infraganti, me oculté entre las pancartas de la publicidad y luego aproveché el descuido de todos producido por la caída de un recipiente de las enfermeras para introducirme a la casa de la lujuria llamado “el Trocadero”.
¿Has visto el interior del hotel Sheraton? Ese inmenso tubo donde están todos los...
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