A orillas del rio piedra me sente y llore

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  • Publicado : 17 de octubre de 2010
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A orillas del río Piedra me senté y lloré.
Cuenta una leyenda que todo lo que cae en las aguas de este río --las hojas, los insectos, las plumas de las aves se transforma en las piedras de su lecho.
Ah, si pudiera arrancarme el corazón del pecho y tirarlo a la corriente; así no habría más dolor, ni nostalgia, ni recuerdos.
El frío del invierno me hacía sentir las lágrimas en el rostro, que semezclaban con las aguas heladas que pasaban por delante de mí. En algún lugar ese río se junta con otro, después con otro, hasta que lejos de mis ojos y de mi corazón todas esas aguas se con-
funden con el mar. Que mis lágrimas corran así bien lejos, para que mi amor nunca sepa que un día lloré por él. Que mis lágrimas corran bien lejos, así olvidaré el río
Piedra, el monasterio, la iglesia enlos Pirineos, la bruma, los caminos que recorrimos juntos.
Olvidaré los caminos, las montañas y los campos de mis sueños, sueños que eran míos y que yo no conocía.

Me acuerdo de mi instante mágico, de aquel momento en el que un «sí»
o un «no» puede cambiar toda nuestra existencia. Parece que no sucedió hace
tanto tiempo y, sin embargo, hace apenas una semana que reencontré a mi
amado y loperdí.
Las manos se me helaban, las piernas se me entumecían a causa del frío y de la postura, y tenía que descansar continuamente.
-- Procura vivir.
Deja los recuerdos para los viejos
--decía él.
Quizá el amor nos hace envejecer antes de tiempo, y nos vuelve más jóvenes cuando pasa la juventud. Pero ¿cómo no recordar aquellos momentos?. Por eso escribía, para transformar la tristeza ennostalgia, la soledad en recuerdos. Para que, cuando acabara de contarme a mí misma esta historia, pudiese jugar en el Piedra; eso me había dicho la mujer que me acogió. Así --recordando las palabras de una santa-- las aguas apagarían lo que el fuego escribió.
Todas las historias de amor son iguales.

Habíamos pasado la infancia y la adolescencia juntos. Él se fue, como
todos los muchachos de lasciudades pequeñas. Dijo que quería conocer el
mundo, que sus sueños iban más allá de los campos de Soria.
Estuve algunos años sin noticias. De vez en cuando, recibía alguna carta, pero eso era todo, porque él nunca volvió a los bosques y a las calles de nuestra infancia.
Cuando terminé los estudios, me mudé a Zaragoza, y descubrí que él tenía razón. Soria era una ciudad pequeña y su únicopoeta famoso había dicho que se hace camino al andar.
Entré en la facultad y encontré novio. Comencé a estudiar para unas oposiciones que no se celebraron nunca. Trabajé como dependienta, me pagué los estudios, me suspendieron en las oposiciones, rompí con mi novio.
Sus cartas, mientras tanto, empezaron a llegar con más frecuencia, y al ver los sellos de diversos países sentía envidia. Él era mimás viejo amigo, que lo sabía todo, recorría el mundo, se dejaba crecer las alas mientras yo trataba de echar raíces.

De un día para otro, sus cartas empezaron a hablar de Dios, y venían siempre de un mismo lugar de Francia. En una de ellas, manifestaba su deseo de entrar en un seminario y dedicar su vida a la oración. Yo le contesté, pidiéndole que esperase un poco, que viviese un poco más sulibertad antes de comprometerse con algo tan serio.
Al releer mi carta, decidí romperla: ¿quién era yo para hablar de libertad o de compromiso? Él sabía de esas cosas, y yo no.
Un día supe que estaba dando conferencias, me sorprendió, porque era demasiado joven para ponerse a enseñar nada. Pero hace dos semanas me mandó una carta diciendo que iría a Madrid, y que deseaba contar con mi presencia.Viajé durante cuatro horas, de Zaragoza a Madrid, porque quería volver a verlo. Quería escucharlo. Quería sentarme con él en un bar y recordar los tiempos en que jugábamos juntos y creíamos que el mundo era tan grande que no se podía recorrer.
Sábado, 4 de diciembre de 1993.
La conferencia era en un lugar más formal de lo que había imaginado, y había más gente de la que esperaba. No entendí...
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