Feulle´album

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  • Publicado : 2 de febrero de 2011
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Verdaderamente era un ser imposible; demasiado tímido. No le adornaba ninguna cualidad y erapesado como el plomo. Si visitaba algún estudio, no veía nunca el momento de marcharse, y allí seguía sentado horas y horas hasta que la exasperación casi le obligaba a uno a chillarle y a desear tirarle algo enorme a la cabeza—la estufa de hierro, por ejemplo—. Solo entonces se sonrojaba y se decidía airse. Lo extraño del caso era que a primera vista parecía un hombre muy interesante. Todo el mundo estaba de acuerdo en esto.
Si un día por casualidad se entraba al anochecer en un café se le veía allí sentado en un rincón, ante un vaso de café. Era un muchacho moreno, delgado, y vestía un jersey azul y una americana de franela gris. No sé por qué, aquel jersey azul y aquella americana gris, conlas mangas demasiado cortas, le daban el aspecto de un joven que ha resuelto fugarse por mar. O que ya se ha fugado, y que de un momento a otro se levantará del diván llevando oscilante, colgado de un palo en el hombro, un hatillo hecho con un pañuelo en el que guardará un camisón y el retrato de su madre, y saldrá perdiéndose en la noche y se ahogará... O quizá tropezará yendo hacia el barco en laorilla del muelle y se caerá al agua...
Tenía el cabello negro y muy corto; los ojos grises con largas pestañas; las mejillas blancas y la boca siempre a punto de hacer pucheros, como si a pesar de tener ganas hubiese resuelto no llorar...
¿Quién podía no sentir lástima por él? El corazón se oprimía al verle. Y, por si fuera poco, tenía aquella manera especial de sonrojarse... Cada vez que elcamarero se le acercaba, le salían los colores como si se hubiera fugado de la cárcel y el mozo lo supiera.
—¿Quién es? ¿Lo conoces?
—Sí. Se llama Ian French. Es pintor, dicen que un gran pintor.
Una amiga mía empezó a cuidar de él como si fuera su hijo. Le preguntó si recibía a menudo cartas de sus padres, si tenía bastantes mantas en la cama y cuánta leche tomaba diariamente. Pero cuando fue asu estudio para zurcirle los calcetines, llamó y volvió a llamar sin resultado, aunque ella habría jurado que dentro se oía respirar a alguien... ¡No tenía remedio!
Otra amiga pensó que lo que le convenía era enamorarse. Le hizo sentarse a su lado, le llamó «nenito», se apoyó en su hombro para que él pudiera percibir el delicioso perfume de su cabello; lo tomó del brazo; le contó lo maravillosaque podía ser la vida solo con tener un poco de valor. Y una tarde fue a su estudio. Pero llamó y llamó inútilmente... ¡No tenía remedio!
«Lo que ese pobre muchacho necesita es despertar a la vida, distraerse», decidió otra tercera amiga. Y para ello fueron a salones de variedades; a los pequeños cafés donde se bailaba y se bebía un líquido parecido al jugo de albaricoque en conserva, al quellamaban champán y que valía veintisiete chelines la botella, y a otros locales aún más emocionantes, en los que todo el mundo permanecía callado y triste, y donde la .noche anterior siempre habían matado a alguien. Pero a él nada de esto le inmutaba. Solo una vez se quedó inmóvil como una piedra, con dos manchas coloradas en las mejillas igual que la propia imagen de La muñeca rota, el ragtime que enaquel momento estaban tocando.
Pero cuando ella le acompañó a su estudio estaba ya completamente despejado, y en la calle le dijo: «Buenas noches», como si viniera de la iglesia... ¡No tenía remedio!
Después de un número infinito de tentativas —el espíritu caritativo muere difícilmente en las mujeres— le abandonaron. Se mostraban amables con él y le invitaban a sus reuniones y le hablaban en elcafé, pero no hacían nada más. Cuando se es artista no puede perderse el tiempo con personas que no saben corresponder.
—Yo creo que en el fondo debe de haber en este hombre algo poco claro, no muy limpio... ¿no le parece? Es imposible que sea tan inocente y tímido. ¿Por qué ha venido a París si quería vivir como una margarita en un prado? Yo no soy malicioso, pero...
Vivía en el último piso...
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