O lo uno o lo otro

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LA LUZ DEL MUNDO
EL PAPA, LA IGLESIA Y LOS SIGNOS DE LOS TIEMPOS
Indice
TITULO
AUTOR
PREFACIO
I_LOS_SIGNOS_DE_LOS_TIEMPOS /
I_Los_papas_no_caen_del_cielo /
II_El_escándalo_de_los_abusos /
III. Causas_y_oportunidades_de_la_crisis /
IV. La_catástrofe_global /
V_Dictadura_del_relativismo /
VI_Tiempo_de_conversión
II_EL_PONTIFICADO /
VII_Habemus_Papam /VIII_En_las_sandalias_del_pescador /
IX_ecumenismo_y_diálogo_con_el_Islam /
X_Anuncio /
XI_Viajes_pastorales /
XII_El_caso_Williamson
III_HACIA_DONDE_VAMOS /
XIII_Iglesia_fe_y_sociedad /
XIV_El_denominado_atasco_de_las_reformas /
XV_Como_se_da_la_renovacion /
XVI_María_y_el_mensaje_de_Fátima /
XVII_Jesucristo_regresa /
XVIII_De_los_novisimos
ANEXO
Grave_pecado_contra_niños_indefensos
Fe_y_violenciaSida_y_humanizacion_de_la_sexualidad
BIOGRAFÍA_Y_CRÓNICA_PONTIFICADO
BREVE_CRONICA_DE_SU_PONTIFICADO

LA LUZ DEL MUNDO
BENEDICTO XVI
EL PAPA,
LA IGLESIA
Y LOS SIGNOS DE LOS TIEMPOS

Una conversación con Peter Seewald

Traducción de ROBERTO H . BERNET

Herder

Edición original O 2010, Libreria Editrice Vaticana, Ciudad del Vaticano
Edición en español O 2010, HTDT Editorial, S.L, Barcelona
Todoslos derechos reservados
ISBN EPUB, 978·84-254·2760·2
La reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio sin el consentimiento expreso de los titulares del Copyright está prohibida al amparo de la legislación vigente.

Herder
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Dios observa desde el cielo
a los hijos de los hombres,
para ver si hay quien comprenda,
quien pregunte por Dios.
¿Comen elpan de Dios,
y no invocan a Dios?
Salmo 53,3-5

PREFACIO

Castelgandolfo, en verano. El camino hacia la residencia del papa llevaba por carreteras solitarias. En los campos la brisa mecía las espigas, y en el hotel en el que había reservado una habitación bailaban, alegres, los convidados de una fiesta de bodas. Sólo el lago, bien abajo, en la hondonada, parecía sereno y sosegado, grande yazul como el mar.
Como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Joseph Ratzinger me había brindado ya dos veces la ocasión de entrevistarlo durante varios días. Su posición era que la Iglesia no debe esconderse, la fe debe y puede ser explicada, porque es racional. Me daba la impresión de ser alguien joven y moderno, para nada cicatero, sino un hombre que arriesga con coraje, quemantiene viva su curiosidad.
Un maestro de superioridad soberana y, además, incómodo, porque ve que estamos perdiendo cosas a las que, en realidad, no se puede renunciar.
En Castelgandolfo habían cambiado algunas cosas. Un cardenal es un cardenal, y un papa es un papa. Nunca antes en la historia de la Iglesia un pontífice había respondido preguntas en la forma de una entrevista directa y personal.Ya el solo hecho de esta conversación coloca un acento nuevo e importante. Benedicto XVI había aceptado poner a mi disposición, durante sus vacaciones, una hora diaria desde el lunes hasta el sábado de la última semana de julio. Pero ¿qué tan abiertas serán sus respuestas?, me preguntaba yo. ¿Cómo juzgará la labor que ha realizado hasta ahora? ¿Qué otras cosas se habrá propuesto emprender aún?Oscuras nubes se habían cernido sobre la Iglesia católica. El escándalo del abuso arrojaba su sombra también sobre el pontificado de Benedicto. A mí me interesaban las causas de estas cuestiones, el trato que se les daba, pero al mismo tiempo las acuciantes preocupaciones del papa en una década que según los científicos es absolutamente decisiva para el futuro entero del planeta.
La crisis de laIglesia es un punto, y la crisis de la sociedad, el otro. Estas crisis no están desconectadas entre sí. Se ha acusado a los cristianos de que su religión es un mundo ficticio. Pero ¿no reconocemos hoy otros muy distintos y auténticos mundos ficticios: los mundos ficticios de los mercados financieros, de los medios, del lujo y de las todas? ¿No tenemos que contemplar dolorosamente cómo una...
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