Arrepentimiento

Páginas: 6 (1491 palabras) Publicado: 10 de junio de 2012
Las cosas destrozadas pueden repararse
Élder Jeffery R. Holland
Del Quórum de los Doce Apóstoles
Las primeras palabras de Jesús en Su majestuoso Sermón del Monte iban dirigidas a los atribulados, los desalentados y los deprimidos: “Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos” Sean ustedes miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los ÚltimosDías o personas de entre las decenas de millares que nos escuchan y que no son de nuestra fe, me dirijo a los que se enfrentan con pruebas personales y dificultades familiares, a aquellos que se enfrentan con conflictos que se entablan en las solitarias trincheras del corazón, a aquellos que tratan de detener las marejadas de la desesperación que a veces nos abruman como si fueran un maremoto delalma. Deseo dirigir mis palabras en particular a ustedes que piensan que su vida está destrozada, y que, al parecer, no tiene reparación.
A todos ustedes les ofrezco el remedio más seguro y más agradable que conozco, que se encuentra en el llamado fuerte y sonoro que nos hizo el Salvador del mundo al comenzar Su ministerio y también al finalizarlo. Se lo dijo a los creyentes y se lo dijo a losque no estaban muy seguros de creerle. Se lo dijo a todos, cualesquiera que fuesen sus problemas personales:
“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.
“Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas”
En esa promesa, la frase introductoria, “venid a mí”, es crucial; es la clave dela paz y del reposo que buscamos. Cuando Andrés y Juan oyeron por primera vez a Cristo, se conmovieron tanto que, cuando Él se apartó de la multitud, lo siguieron. Percibiendo que lo seguían, Jesús les preguntó: “¿Qué buscáis?”. Ellos le respondieron: “¿Dónde moras?”. Y Cristo dijo: “Venid y ved”. Al día siguiente, Cristo encontró a otro discípulo, Felipe, y le dijo: “Sígueme” Poco tiempo después,llamó oficialmente a Pedro y a otros nuevos apóstoles con el mismo espíritu de invitación. “Venid en pos de mí” les dijo.
Evidentemente, la esencia misma de nuestro deber y del requisito fundamental de nuestra vida terrenal ha quedado captada en esas breves frases de diversas escenas del ministerio terrenal del Salvador. Él nos dice: “Confiad en mí; aprended de mí; haced lo que yo hago; y cuandorecorráis mi camino, entonces hablaremos de la dirección que vosotros seguís y de las tribulaciones y de las pruebas que encaráis. Si me seguís, yo os sacaré de la oscuridad”. Él nos promete: “Os daré respuesta a vuestras oraciones y descanso para vuestras almas”.
Mis amados amigos, no conozco otra manera de tener éxito y seguridad entre todos los riesgos y problemas de la vida, ni conozco otraforma de llevar nuestras cargas.
¿Y cómo puede uno “venir a Cristo” en respuesta a esa invitación constante? Las Escrituras nos dan muchos ejemplos y métodos, y ustedes ya conocen muy bien los más básicos. El primero y el más fácil es sencillamente el deseo del corazón, la forma más básica de fe que conocemos. Aunque no sea más que un deseo de creer, ejercitando tan sólo un poco de fe, dandoaunque sea una pequeña cabida a las promesas de Dios, será suficiente para comenzar.
El tan sólo creer, el tener aunque sea una “molécula” de fe, el simple hecho de tener una esperanza en cosas que aún no hemos visto en la vida y que, sin embargo, realmente existen ese paso sencillo, cuando se centra en el Señor Jesucristo, siempre ha sido y siempre será el primer principio de Su Evangelio eterno, elprimer paso para salir de la desesperación.
Segundo, debemos cambiar todo aquello que forme parte del problema y que nos sea posible cambiar; en suma, debemos arrepentirnos, siendo ésta tal vez la palabra del vocabulario cristiano que contenga más esperanza y aliento. Le agradecemos a nuestro Padre Celestial que se nos permita cambiar. Le agradecemos a Jesús que podamos cambiar, y finalmente...
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