el hombre de la multitud

Páginas: 16 (3818 palabras) Publicado: 10 de octubre de 2015
El hombre de la multitud
por Edgar Allan Poe
Edgar Allan Poe (Boston, 1809-Baltimore,
1849) es uno de los nombres más destacados en la
literatura estadounidense. Considerado como
maestro del relato breve, cultivó además la poesía
y el ensayo. Fue precursor del cuento de terror
psicológico, del relato policial y de la literatura de
ciencia-ficción, y renovador de la novela gótica,
ejerciendoademás gran influencia en la literatura
simbolista francesa. Entre sus obras más
conocidas están los poemas El cuervo y Annabel
Lee, los cuentos El escarabajo de oro, Los crímenes de
la calle Morgue y El corazón delator, y la novela La
historia de Arthur Gordom Pym.
El hombre de la multitud, publicado
originalmente en 1840, constituye un valioso
testimonio acerca del espíritu que animaba la vida
en lasmetrópolis del siglo XIX. A lo largo de sus
páginas, Poe describe con vívida intensidad los
pulsos y contradicciones que marcaron el
nacimiento de la moderna ciudad industrial –de la
cual es heredera nuestra propia ciudad
contemporánea-, retrato que completan de
manera magistral las ilustraciones del Londres de
Doré.
Con la publicación de este cuento, queremos
abrir nuestra Colección Reserva aaquellos textos
y documentos que, sin provenir necesariamente
de la disciplina urbanística, constituyen un aporte
indudable al conocimiento de las ciudades y la
vida urbana en distintas épocas y lugares.
Esperamos de esta manera contribuir al
fortalecimiento
del
estudio
de
las
representaciones, imaginarios y productos
culturales, como una dimensión esencial de
cualquier reflexión que pone en elcentro de sus
preocupaciones la relación entre ciudad y cultura.

Con razón se ha dicho de cierto libro
alemán que es “lässt sich nicht lesen” (que no
se deja leer). De igual modo existen algunos
secretos que no se dejan descubrir. Hay
hombres que mueren por la noche en sus
camas, estrechando las manos de sus
espectrales confesores y mirándoles con ojos
lastimeros. Que mueren con la desesperación
en elalma y opresiones en la garganta que no
permiten ser descritas. De vez en cuando, la
conciencia humana soporta cargas de un
horror tan pesado que sólo pueden arrojarse
en la misma tumba. De este modo, la mayoría
de las veces queda sin descubrir el fondo de
los crímenes.

No hace mucho tiempo, al declinar el día
de una tarde otoñal, me encontraba yo
sentado junto a la gran cristalera en rotondadel café D..., en Londres. Había pasado
varios meses enfermo pero ahora me hallaba
convaleciente, y al recuperar las fuerzas me
sentía en uno de esos felices estados de
ánimo que constituyen, precisamente, el
reverso del tedio; estados de ánimo de una
gran agudeza, cuando la película de la visión
mental desaparece y el intelecto electrificado
sobrepasa con mucho su condición normal,
del mismo modoque la razón viva y la voz
pura de Leibniz supera la retórica débil y
confusa de las Geórgicas. Simplemente
respirar era una delicia y obtenía un placer
positivo incluso de las fuentes que
originariamente lo son de dolor. Me sentía
tranquilo y con un profundo interés por
todo. Con un cigarro en la boca y un
periódico sobre mis rodillas, había estado
distrayéndome gran parte de la tarde, orarecorriendo los anuncios, ora observando la
mezclada concurrencia del establecimiento,
sin dejar, de vez en cuando, de atisbar la calle
a través de los ventanales empañados por el
humo. Esta última era una de las vías
principales de la ciudad y durante todo el día
rebosaba de animación.
Conforme iba haciéndose de noche, el
gentío aumentaba. Cuando se encendieron las
luces, dos densas y continuascorrientes de
transeúntes comenzaron a entrar y salir del
establecimiento. Nunca me había encontrado
en una situación como aquélla, y por tanto,
aquel mar tumultuoso de cabezas humanas
me llenaba de una emoción deliciosamente
nueva. Dejé de prestar atención a lo que
sucedía en el interior del hotel para
absorberme de lleno en la contemplación del
exterior. Al principio mis observaciones
adoptaron un...
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