Patas de alambre Isabel Keats

Páginas: 39 (9592 palabras) Publicado: 19 de enero de 2016
Editado por Harlequin Ibérica, S.A.
Núñez de Balboa, 56
28001 Madrid
© 2014 Belén Solesio López-Bosch
© 2014 Harlequin Ibérica, S.A.
Patas de alambre, n.º 52 - diciembre 2014
Todos los derechos están reservados incluidos los de reproducción, total o parcial. Esta edición ha
sido publicada con autorización de Harlequin Books S.A.
Esta es una obra de ficción. Nombres, caracteres, lugares, ysituaciones son producto de la
imaginación del autor o son utilizados ficticiamente, y cualquier parecido con personas, vivas o
muertas, establecimientos de negocios (comerciales), hechos o situaciones son pura coincidencia.
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licencia. las marcas que lleven ® están registradas en la Oficina Española de Patentes y Marcas y
en otros países.
Imagen de cubierta utilizada con permiso de Dreamstime.com.
I.S.B.N.: 978-84-687-4922-8
Editor responsable: Luis Pugni
Conversión ebook: MT Color & Diseño
www.mtcolor.es

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Patas de alambre
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Nina se disponía a golpearla puerta entreabierta con los nudillos, cuando desde el interior le
llegaron las palabras airadas de un hombre muy enojado.
—Te vuelvo a repetir, Sam, que no necesito ninguna maldita enfermera. ¿Dónde está ese tipo
malcarado que me ha estado atendiendo estos días?
—José, Alexander, se llamaba José y ha presentado su dimisión. Sus palabras fueron, a ver,
déjame recordar. —Su amigo se sujetó elpuente de la nariz entre el índice y el pulgar, como si
tratara de concentrarse—. Sí, sus palabras exactas fueron: «Ni por todo el oro del mundo seguiría
atendiendo a semejante hijo de puta». Mira Alexander, si no querías verte en estas difíciles
circunstancias, no deberías haber esquiado fuera de pista a pesar de saber que existía peligro de
aludes. Te aconsejo que seas amable con ella; en vísperasde Navidad es muy improbable que
encontremos a otra persona dispuesta a aceptar el empleo.
Después de escuchar aquel fragmento de conversación, Nina tomó aire y, decidida, golpeó un
par de veces con el puño. Sin esperar una respuesta, empujó la puerta y entró en la habitación.
Tan solo había dado un par de pasos cuando se detuvo en seco. Las proporciones del dormitorio
eran impresionantes, y elenorme ventanal sin cortinas que daba al jardín permitía que la luz del
sol entrara a raudales; pero Nina ni siquiera lo advirtió. Su mirada estaba concentrada en el
hombre de pelo oscuro y revuelto, y semblante malhumorado que permanecía semiincorporado
sobre la enorme cama con dosel en la que alguien se las había ingeniado para colocar una serie de
poleas y correas que mantenían en alto la piernaescayolada. El brazo del paciente también estaba
enyesado desde el hombro hasta el pulgar y, por lo que Nina podía adivinar, estaba desnudo por
completo bajo las sábanas.
—Buenos días —saludó, titubeante, sin moverse de donde estaba.
—¡Buenos días! —El tipo rubio y algo sobrado de peso se levantó del butacón colocado junto
a la cama y se acercó a ella con la mano tendida. Nina se la estrechó,mientras el otro se
presentaba, cordial—: Soy Sam Johnson. Usted debe ser la enfermera Stewart. Acérquese, por
favor, y le presentaré a su paciente. Alexander Hamilton, te presento a tu nueva enfermera, la
señorita Stewart.
Los furiosos ojos oscuros del hombre inmovilizado en el lecho —que hasta entonces habían
permanecido clavados en el cuaderno que estaba sobre la colcha con aparente interés—sealzaron
en el acto y enfocaron la cara de la recién llegada. Al instante, sus pupilas se dilataron y, sin que
pudiera evitarlo, su boca se abrió varios centímetros.
La recién llegada era lo más parecido a un ángel que había visto jamás, si es que existían los
ángeles con cara de duende travieso. Llevaba el cabello, de un tono rubio nórdico poco común,
recogido en un moño informal del que escapaban,...
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