Amiga de el enemigo

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  • Publicado : 5 de octubre de 2010
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—Esto es ridículo…
—Muy ridículo.
—No se lo perdonaré jamás a ese viejo loco.
—Yo tampoco.
—¿Quieres dejar de repetir todo lo que digo?
—¡No repito! Estoy concordando, porque por más insufrible y despectivo que seas, sólo esta vez te encuentro la razón.
—¿Incluido lo de "viejo loco"?
—Todo, todo menos eso.
Hermione frunció el ceño y apuró el paso, un tanto apestada. No quería darle larazón a Malfoy sobre llamar al respetable Dumbledore "viejo loco", pero lo cierto es que con su última y brillante idea estaba considerando seriamente la posibilidad de que se le hubiera reventado un vaso en la cabeza. Un repentino ataque de psicosis, lo que sea, pero eso no era normal. Era suicida.
Organizar la fiesta de Halloween. Hasta ahí vamos bien.
Organizarla en la única salida a Hogsmeadedel mes. No tan bien.
Organizarla con tu prefecto amigo preferido: Draco Malfoy. Nada de bien. De hecho, asqueroso.
Ser la pareja durante toda la noche de aquel prefecto amigo preferido. ¿"Bien" seguía siendo el adverbio a utilizar?
Hermione bufó, molesta.
¿Y todo por qué? Por la ridícula idea de la Cooperación Mágica Interescolar. ¿Es que Dumbledore nunca entendería que serpientes y leones nose llevaban? No lo hacían, y nunca lo harían. Día y noche. Blanco y negro. Agua y aceite.
Simplemente, rojo y verde.
Pero el anciano director se metía todas las leyes Universales por donde mejor le cabían, pues no vaciló en delegar una asignación a cada pareja de prefectos que él mismo formó, relegándola a ella a pasar toda la tarde con Malfoy comprando chucherías para adornar el Gran Salón, enlugar de poder disfrutar del día libre con sus amigos. Y tampoco es que el día estuviera espléndido, pues densos nubarrones cubrían sus cabezas sin permitirle el paso a los tenues rayos de sol, pero se le antojaba un excelente panorama el pasar aquella salida encerrada en las Tres Escobas con una humeante taza de chocolate caliente en las manos, sólo charlando. Lástima que en lugar de aquellodebiera aguantar las quejas y estupideces del hurón al menos toda la mañana. Intentaría acabar rápido para deshacerse de esa penosa asignación cuanto antes.
Así pues caminó un poco más deprisa por el camino pedregoso que conectaba Hogwarts con Hogsmeade, con y sin la intención de dejar muy atrás al rubio. Él gruñó algo ininteligible mientras apuraba su propia marcha y la adelantaba, pareciendoofendido. Al suspiro de ella salió un vaho de color blanco de su boca, por lo que se rodeó más la bufanda al cuello, tapándose hasta la nariz colorada.
Cuando bajaron girando por la última curva del camino se presentó ante sus ojos un Hogsmeade atestado de cabo a rabo por magos, brujas y muchos, muchos estudiantes, correteando por doquier y comprando alguna que otra cosa que llamara su atención.Hermione lamentó que fuera precisamente ésa la única salida fuera de Hogwarts previa a la tan esperada fiesta de Halloween, pues aquel parecía ser un muy ajetreado veintidós de octubre.
Comenzaban a asomarse las primeras casas y tiendas del pueblito mágico cuando la Gryffindor vio al chico que la acompañaba enlentecer sus pasos hasta acabar junto a ella, hablándole decidido sin apenas mirarla, quizáconsiderándose demasiado distinguido para eso.
—Tú ve a comprar las cintas y demás cosas para decorar el comedor, yo buscaré las bromas y trampas que regaremos por el salón. Nos encontramos en una hora en la tienda de Disfraces de Lady Morticia. —soltó. Y, sin pronunciar otra palabra, siguió rumbo al centro del pueblo a paso resuelto.
Hermione ahogó la retahíla de insultos que se le atragantaron enla garganta y se dispuso a hacer "su" parte del trabajo, pensando que aunque con soberana prepotencia, aquella estipulación del rubio le serviría para no verlo durante buena parte de la mañana. Y, realmente, avanzarían mucho más si trabajaban por separado.
Así lo comprobó cuando, al cabo de unos cuarenta y cinco minutos de deambular por puestos y tiendas acabó con las manos llenas de bolsas...
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