Anatomia y fisiologia de los organos pelvicos de la mujer y el varon

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SE dEScubrió quE…

Preferimos no ser gorrones

Luis gonzÁLez de aLBa Periodista

niños y jóvenes se acosan entre sí
red de coMunicación y divuLgación de La ciencia de La universidad de guadaLaJara*

T

odos quisiéramos vivir en un mundo en el que pudiéramos cooperar tanto o tan poco como fuera nuestro deseo. Pero cuando vivimos en semejante Paraíso de los Gorrones, huimos de allí,asegura investigación realizada en Alemania y publicada por Science del 7 de abril. Una simulación, diseñada por la economista Bettina Rockenbach, de la Universidad de Erfurt en Alemania, y reportada por Mary Beckman, parte de la idea de que una sociedad sostenida por las contribuciones de unos pocos individuos altruistas y sin exigencias para los demás puede parecer atractiva. Entonces “¿por qué lamayoría de las sociedades humanas no han adoptado ese modelo?” Rockenbach y sus colegas crearon dos mundos virtuales. En uno, especie de paraíso de los abusivos (freeloader: que se aprovecha de la generosidad de otros, define el Webster), se permitió a la gente cooperar tanto o tan poco como quisiera. Los participantes comenzaban con un cierto número de fichas que representaban dinero, y debíanañadir a una bolsa comunitaria. Todos sabían que las fichas ganarían interés y que las inversiones se repartirían por igual al cabo de 30 rondas de juego. Entre más jugadores invirtieran, más dinero se le regresaría a cada quien, sin importar (aquí está el quid) con cuánto dinero hubiera contribuido. El segundo mundo se construyó en buena medida similar, pero en este los jugadores podían castigar alos abusivos por no contribuir. Los abusivos castigados tenían que regresar algunas de sus fichas, y los castigadores sacrificaban una ficha, ellos también, cada vez que ponían alto a un gorrón. Pagaban por castigar. Se permitió elegir un mundo a 84 estudiantes universitarios, así como cambiar de mundo en cada ronda. En la primera ronda se inscribieron tantos como dos tercios al paraíso de losabusivos. Y al principio resultó: los participantes en el cielo de los gorrones ganaron un 16 por ciento más, en promedio, que los participantes en el otro mundo. Pero el éxito se volvió amargo en rondas posteriores en cuanto más y más participantes comenzaron a eludir pagos, con lo que disminuían el pago neto final. Mientras tanto, el mundo castigador se fue volviendo

más lucrativo conforme losabusivos censurados comenzaron a contribuir. Al final del juego, todos los miembros del paraíso de los abusivos había saltado de barco al mundo punitivo. Lo más interesante fue que los abusivos en el mundo indisciplinado rápidamente se volvieron castigadores en el disciplinado. “Esto significa que los abusivos no son un tipo genéticamente determinado, su conducta depende de la cultura”, diceRockenbach. Es una conclusión obvia, pero muy rápida; obvia porque nadie podría negar, ni creo que lo haya negado nunca, que hay culturas que permiten el abuso y otras que lo castigan en grados diversos. La alemana es una cultura que castiga el abuso, por ejemplo, de vecinos con fiesta ruidosa hasta el amanecer; la mexicana, no, y aun en México hay grados: se permite menos el abuso del vecino ruidoso enGuadalajara o San Luis que en Culiacán, Veracruz y otros sitios guapachosos. También es muy rápida conclusión, si bien va en el sentido de la vieja corrección política, porque el experimento no midió si hay grados de abuso individuales que pudieran tener alguna determinación genética, aunque el castigo social los frenara. Hasta en donde el abuso se permite, hay quien no emplea ese permiso, o loemplea en menor medida que la mayoría. Pero el experimento muestra, sigue la nota, que las sociedades cooperadoras pueden evolucionar en tanto la no-cooperación pueda ser penalizada. “Es un buen y poderoso resultado que no había sido mostrado antes”, dice el economista William Harbaugh, de la Universidad de Oregon en Eugene. La mayoría de nosotros toma parte en ese juego cada día, añade. Y en...
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