Capitulo 1 de las buenas conciencias

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PERTENECÍAN, en palabras del tío Jorge Balcárcel, a una familia guanajuatense de no

escasos méritos y de extendido parentesco. Guanajuato es a México lo que Flandes a Europa: el cogollo, la esencia de un estilo, la casticidad exacta. La enumeración de los hombres públicos guanajuatenses sería interminable, pero el número apenas indicaría la profundidad del sentimiento político mexicano en estaregión que se precia de ser la cuna de la Independencia. Si a algún Estado de la República habría que acudir para en- contrar la raíz de los estilos políticos mexicanos, sería a éste. La malicia de la concepción y la finura de la ejecución llevan un estilo originalmente guanajuatense; nadie, como sus hombres, conoce mejor las tácticas de la legalidad aparente para encubrir la voluntad decisiva;nadie, el valor de los procedimientos formales y de la maniobra de cámara. ¿Por qué, en la dilatada extensión de Nueva España, fueron éstos los lectores –y las infanterías– de Voltaire y de Rousseau? ¿Por qué en nuestra extrema actualidad, se escuchan en los pomposos escalones de su Universidad discusiones sobre Heidegger y Marx? El guanajuatense posee una doble, y muy desarrollada, facultad paraaprehender lo teórico y convertirlo en práctica eficaz. No en balde fue Guanajuato cuna de don Lucas Alamán. Y su Universidad antiguo centro jesuita.

Así, el guanajuatense es un mocho calificado. Un mocho laico (como todos los eficaces) capaz de servir a la iglesia más oportuna y que, en su concepto, garantice la mejor administración práctica de la "voluntad general" teórica. Inteligentes, depropósitos internos claros y manera exterior velada, herederos de una tradición que el excesivo centralismo mexicana no ha alcanzado a destruir, los guanajuatenses repre- sentan la cima del espíritu del centro de la República. Lo que en los michoacanos es seriedad rayana en lo solemne, en los guanajuatenses se deja atenuar por el sentido de la conveniencia y de la ironía. Lo que en los zacatecanoses exceso de arraigo provinciano lo templan los guanajuatenses con un sentimiento de universalidad: les visitó el barón de Humboldt, les adorna un Teatro Juárez decorado por el escenógrafo de laOpera
Comiqué, les pertenece, apropiada por los hombres de la Independencia, la tradición del

siglo de las luces. Lo que en el poblano es hipocresía abierta, en el guanajuatense es insinuación talentosa.Lo que en el capitalino, en fin, es afirmación o reticencia, en el guanajuatense es puro compromiso.

La familia de Ceballos pertenecía, con plenitud, a este singular cogollo del centro mexicano. Sí para otras familias locales el nombre clave en la historia del Estado era el del Conde de Casa Rul, o los del intendente Riaño, don Miguel Hidalgo, don Juan Bautista Morales o el padre Montes deOca, para los Ceballos no había apellido más ilustre –y así lo recordaban diversos retratos distribuidos en las salas del caserón de cantera– que el de Muñoz Ledo. Éste, otrora distinguido gobernador de la entidad, fue el que permitió a la pobre familia de inmigrantes madrileños instalar su tienda de paños cerca del templo de San Diego, allá por el año de 1852. El jefe del hogar, don HiginioCeballos, había sido oficial de aquel Baldomero Santa Cruz, notable comerciante en paños del Reino en la calle de la Sal, y de él aprendió la máxima de su comercio: el buen paño en el arca se vende. Pegado a su mostrador, se beneficiaba lenta, peroseguramente. No obstante, estos Ceballos, gachupines, y además tenderos, no dejaron de ser mal vistos en aquella época de primicias independientes. No fue elsecretario del señor gobernador quien pensó así, ante el primor evidente de la Ceballitos mayor, una matritense de colores subidos, ojos verdes y diecisiete años. Fue, de esta manera, la flamante señora de Lemus, esposa del tal secretario, quien logró que el comercio de su señor padre emigrara de la sombra del callejón de Perros Muertos al sitio principal y asoleado frente al gran templo de San...
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