Eje antropológico

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Eje Antropológico: ¿Quién dice, quién enuncia, la frase “Oíd mortales”?

Fuentes

Antigüedad
Platón. República. Buenos Aires. Eudeba. 2000. Libro VII.
Groethuysen, Bernhard. Antropología Filosófica. Buenos Aires. Losada 1951. Ver selección de Textos
Modernidad
Descartes, René, Meditaciones Metafísicas En Obras escogidas. Buenos Aires. Charcas. 1980. Segunda Meditación, págs. 222-233Kant, Immanuel. Antropología, Didáctica Antropológica. De la manera de conocer el interior así como el exterior del hombre. Madrid. Revista de Occidente. 1935. Prólogo y Libro Primero, parágrafos 1 y 2, págs. 7-10 y 221-233.
Kant, Immanuel. Lógica. Buenos Aires. Tor. 1935. III, págs. 14-19.
Autores contemporáneos
Castoriadis, Cornelius. “La racionalidad del capitalismo” en Figuras de lopensable. Buenos Aires. Fondo de Cultura Económica. 2001.
Castoriadis, Cornelius. “Poder, Política y Autonomía” en Ciudadanos sin brújula. Mexico. Coyacan. 2000.
Etienne Balivar, Sujeto, subjetividad y ciudadano. Ver selección de Textos.
Fanon, Frantz., Los condenados de la tierra, Fondo de cultura económica, Buenos Aires, 2007, Cap. I, p. 30-40
Heidegger, Martin. Kant y el problema de lametafísica. Mexico. Fondo de Cultura Económica. 1973 parte IV, A y B.
Marx, Karl. La cuestión Judía. Buenos Aires. Contraseña. 1997.
Ricoeur, Paul. Ideología y Utopía. Gedisa, Barcelona, 1989. Capitulo Introductorio.
Todorov, Tzvetan. La conquista de América: el problema del otro. Madrid. Siglo XXI. 1998. Epílogo.
Lo Humano en América latina
Dardo Scavino, “Simón Bolívar, 1815”, “Nosotros, Vosotros yellos” y ¿América poscolonial?, en Narraciones de la Independencia, arqueología de un fervor contradictorio. Buenos Aires. Eterna Cadencia. 2010.
Rodolfo Kusch, “Lo humano en América” En Esbozo De una antropología americana. Buenos Aires, Castañeda, 1978.


Platón. República. Buenos Aires. Eudeba. 2000. Libro VII.
VII
I. -Y a continuación -seguí- compara con la siguiente escena el estadoen que, con respecto a la educación o a la falta de ella, se halla nuestra naturaleza. Imagina una especie de cavernosa vivienda subterránea provista de una larga entrada, abierta a la luz, que se extiende a lo ancho de toda la caverna y unos hombres que están en ella desde niños, atados por las piernas y el cuello de modo que tengan que estarse quietos y mirar únicamente hacia adelante, pues lasligaduras les impiden volver la cabeza; detrás de ellos, la luz de un fuego que arde algo lejos y en plano superior, y entre el fuego y los encadenados, un camino situado en alto; y a lo largo del camino suponte que ha sido construido un tabiquillo parecido a las mamparas que se alzan entre los titiriteros y el público, por encima de las cuales exhiben aquéllos sus maravillas.
-Ya lo veo -dijo.-Pues bien, contempla ahora, a lo largo de esa paredilla, unos hombres que transportan toda clase de objetos cuya altura sobrepasa la de la pared, y estatuas de hombres o animales hechas de piedra y de madera y de toda clase de materias; entre estos portadores habrá, como es natural, unos que vayan hablando y otros que estén callados.
-Qué extraña escena describes -dijo- y qué extraños pioneros!-Iguales que nosotros -dije-, porque, en primer lugar ¿crees que los que están así han visto otra cosa de sí mismos o de sus compañeros sino las sombras proyectadas por el fuego sobre la parte de la caverna que está frente a ellos?
-¡Cómo -dijo-, si durante toda su vida han sido obligados a mantener inmóviles las cabezas?
-¿Y de los objetos transportados? ¿No habrán visto lo mismo?
-¿Qué otracosa van a ver?
-Y, si pudieran hablar los unos con los otros, ¿no piensas que creerían estar refiriéndose a aquellas sombras que veían pasar ante ellos? Forzosamente.
-¿Y si la prisión tuviese un eco que viniera de la parte de enfrente? ¿Piensas que, cada vez que hablara alguno de los que pasaban, creerían ellos que lo que hablaba era otra cosa sino la sombra que veían pasar?
-No, ¡por Zeus!...
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