Borges

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¿En qué hondonada esconderemos nuestro
espíritu para que no veamos tu ausencia
qué como el sol terrible, sin ocaso, brilla Texto y fotos de: Rolando López Herbas
definitiva y despiadada?

A Leonor Acevedo de Borges

Quiero dejar escrita una confesión, que a un tiempo será íntima y general, ya que las cosas que le ocurren a un hombre les ocurren a todos. Estoy hablando de algo yaremoto y perdido, los días de mi santo, los más antiguos. Yo recibía los regalos y yo pensaba que no era más que un chico y que no había hecho nada, absolutamente nada, para merecerlos. Por supuesto, nunca lo dije: la niñez es tímida. Desde entonces me has dado tantas cosas y son tantos los años y los recuerdos. Padre, Norah, los abuelos, tu memoria y en ella la memoria de los mayores – los patios, losesclavos, el aguatero, la carga de los húsares del Perú y el oprobio de Rosas – tu prisión valerosa, cuando tantos hombres callábamos, a las mañanas del Paso del Molino, de Ginebra y de Austin, las compartidas claridades y sombras, tu fresca ancianidad, tu amor a Dickens y a Eca de Queiroz, Madre, vos misma.

Aquí estamos hablando los dos, et tout le reste est litérature, como escribió, conexcelente literatura, Verlaine.
Jorge Luis Borges.

Fue en marzo de 1978 cuando en un denso texto de filosofía de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires, me encontré con un fragmento de MATEO, XXV, 30, que como epígrafe decía:

“En vano te hemos prodigado el océano.
En vano el sol que vieron los maravillados ojos de Whitman;
Has gastado los años y te han gastado.
Ytodavía no has escrito el poema”.

Era un epígrafe impactante y, desde entonces, sentí un extraordinario interés por conocer la obra de Borges. Después, en el “verano porteño” del 79 tendría la suerte de conocerlo personalmente, y la forma de frecuentar durante tres años aquel modesto departamento de la calle Maipú, cerca de la Plaza San Martín de Buenos aires, donde hasta antes de partir deGinebra había vivido Borges.

Jorge Francisco Isidoro Luis Borges estaba encadenado, desde su fe de nacimiento a este collar de nombres que lo dejaban a dos ilustres árboles genealógicos: Jorge por el padre; Francisco, el abuelo paterno; Isidoro, abuelo materno y Luis, tío, paterno. De los Borges heredaría la inteligencia y de los Acevedo la valentía.

Nacido cuando el pasado siglo ya daba susúltimos estertores (1899), supo crecer, educarse y orientarse en los laberintos de la biblioteca paterna tras las rejas de una antigua casona de Palermo. Fueron precoces su cultura literaria y su lucidez; pues antes de cumplidos los 10 años ya había leído en inglés una versión del Quijote. Dictó cátedras en las universidades de Buenos Aires, de Texas y de Harvard, sin más título académico que unsimple bachillerato ginebrino. Llegó a ser Doctor Honoris Causa de Cuyo, de Michigan y de Oxford.

Justificando su extraña efectividad, casi a los 87 años sustituyó, por segunda vez, el amor por su madre por el de otra mujer: María Kodama.

En 1.923 publica su primer libro de poemas, “Fervor de Buenos Aires” y en su prólogo se declara devoto de Shopenhauer, de Stevenson y de Whitman. Luegoaparecieron “Luna de enfrente” (1925) y “Cuaderno San Martín” (1929) y constituyéndose en la trilogía borgesiana clásica de la década del 20. De esa trilogía bibliográfica pletórica de lirismo, pasa a escribir ensayos y cuentos que producen la mayor renovación literaria de nuestro tiempo. Posteriormente escribe “Evaristo Carriego” (1930), “Discusión” (1932), “Historia Universal de la Infamia” (1935) e“Historia de la Eternidad” (1936), insinuando ya una vasta producción literaria.

Con su libro “Ficciones” obtuvo en 1944 el Gran Premio de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores, y por su magnífico cuento policial “El jardín de los senderos que se bifurcan” (1949) se hace merecedor de un premio que le otorga el “Mister Magazine” de Estados Unidos. Y con otro estupendo cuento “El...
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