Chacko

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A través de la pared.

Fernando José Palacios León, escritor español. Cuento para padres. Ilustración a cargo de María Sanz.

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El piano Luis Cernuda
A través de la pared Lorenzo tocaba el piano con la tranquilidad con la que cae la nieve, improvisando un acompañamiento de tonos menores, como si quisiera reflejar en aquellos acordes su propia soledad adolescente junto al gris de la tardede Octubre, que podía verse caer a lejos a través de la ventana de su cuarto. La música que abrazaba el aire de la habitación y el alma de Lorenzo, resguardada siempre en las notas más graves del piano, atravesaba las paredes, llegando como se da la mañana sobre los campos, al piso de arriba, donde vivía Luz.

Como cada vez que Lorenzo se sentaba al piano y comenzaba a tocar, Luz dejaba todocuando estuviera haciendo, y corría como una niña a cerrar la puerta de su cuarto para sentarse a escuchar tocar a Lorenzo, pegando el oído derecho a la fría y blanca pared, sonriendo como quien pudiese comprender la magia. De la misma forma que Lorenzo refugiaba su alma en aquella música, sin saberlo, cubría a Luz de sensaciones desconocidas para ella misma, que parecían hablarle del color oscuro dela noche, del porqué de la luz de las estrellas y la clave de un secreto impronunciable que no compartía la naturaleza de las palabras.
¿Qué clase de criatura era capaz de hacer sonar una música tan hermosa, tan sobrecogedora? A Luz le resultaba increíble que aquellas armonías tuvieran su origen en las manos de un ser humano. Jamás había visto a Lorenzo en persona, conocía su nombre por laetiqueta del buzón del portal. Al parecer vivía solo con su madre o con una tía suya, el apellido de un hombre desconocido acompañaba al nombre del chico, y luego sí, coincidía el Rodríguez con el Rodríguez de la mujer de la etiqueta, de lo que Luz dedujo que a lo mejor él vivía con una tía suya...
Cuántas veces había mirado su nombre tallado en la dorada etiqueta del buzón, pronunciándolo en una vozimperceptible al pasar como el ruido que hace quien come un caramelo. Lorenzo andaba cerca de cumplir los diecisiete años, y desde muy pequeño, como decía él, había perdido las tardes enteras en el conservatorio.
Mientras los demás niños bajaban a jugar al parque con sus madres o sus niñeras, él los miraba de camino a las clases de solfeo y de piano, que se impartían en los locales de un antiguocentro comercial con las columnas oxidadas por el paso de los años y los veranos al sol. En lugar de bajar a la calle con un balón de fútbol desconchado y descosido dando saltos y gritos, él abrazaba la negra carpeta de cuero donde guardaba las partituras, caminando deprisa con dirección al conservatorio.
Carpeta que durante el invierno, cuando se enfriaba por el camino, utilizaba para refrescarsus mejillas durante el estudio de alguna pieza complicada. Lorenzo, en el fondo, no envidiaba para nada al resto de los niños, pues cuando dejaba atrás la calle y los parques entrando a sus clases de piano, su corazón latía de alegría entremezclándose con la música de los violines y las violas, las mandolinas y las guitarras, que se enseñaba en las aulas de al lado y que él atravesaba sonriendo,como si atravesara descalzo un bosque de belleza, hasta llegar a la sala del piano blanco donde le esperaba Don Diego, su profesor de música.
Lorenzo tenía la suerte o la desgracia de ser el único alumno del pequeño conservatorio que se había especializado en piano. Don Diego tenía muchas esperanzas puestas en él, y tanto era así, que le exigía mucho más a Lorenzo que al resto de sus alumnos,preparándole para conciertos y certámenes. El chico tenía un talento innato para predecir las secuencias de acordes y las melodías, de manera que aprendía más rápido que el resto de los niños de su edad. Apenas dio en total dos o tres cursos de solfeo y armonía, lo que para otros niños era un proceso complicado y aburrido a través de los años, para él era un proceso lógico y natural. Otra cosa era...
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