Continuidad de los parques

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  • Publicado : 26 de septiembre de 2010
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Continuidad de los parques

Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesaratentamente por la trama, por el dibujo de los personajes
Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestión de aparceras, volvió al libro en latranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de instrucciones, dejo que sumano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos. Su memoria retenía sin esfuerzo loas nombres y las imagines de los protagonistas; la ilusiónnovelesca lo gano casi enseguida.
Gozaba del `placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del altorespaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles. Palabra a palabra, absorbido por la sórdida disyuntiva delos héroes, dejándose ir hacia las imágenes que se concentraban y adquirían color y movimiento, fue testigo del ultimo encuentro en la cabaña del monte. Primero entraba la mujer, recelosa; ahora llegabael amante, lastimada la cara por el chicotazo de una rama. Admirablemente restañaba ella la sangre con sus besos, pero él rechazaba las caricias, no había venido para repetir las ceremonias de unapasión secreta, protegida por un mundo de hojas secas y senderos furtivos. El puñal se entibiaba contra su pecho, y debajo latía la libertad agazapada. Un dialogo anhelante corría por las paginas comoun arroyo de serpientes, y se sentía que todo estaba decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo, dibujaban abominablemente la...
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