De la maternidad y la felicidad de los hijos

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  • Publicado : 6 de septiembre de 2012
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De la maternidad y la felicidad de los hijos
Autora: Macarena Clark
Si preguntamos a los padres cuáles son los principales deseos que tienen para con sus niños, sin duda que todos coinciden en querer para ellos, lo mejor. Nadie podría imaginar que un padre, en su sano juicio, desee un mal para su descendiente. Mucho menos, su propia madre. Aquélla que lo ha esperado nueve meses, -o a vecesmucho más tiempo, como es el caso de las madres adoptivas, no sin sufrimiento y sacrificios-, y que ha sentido física o psicológicamente un vínculo tan fuerte y poderoso, desde el primer día de su concepción. Y cuando se anhela lo mejor, se trata de desear para ellos, la felicidad.
La felicidad es, según la Real Academia de la Lengua, el “estado de ánimo que se complace en la posesión de un bien”,aunque recientemente, en el avance de la vigesimotercera edición, se ha ampliado el concepto un poco más, reemplazándolo por un “estado de grata satisfacción espiritual y física”, lo que significa “una migración del concepto de felicidad puramente material, basada en la posesión de un bien, a un concepto mixto, formado por una satisfacción espiritual y física” (RAE, 2006).
En relación a lo que seespera de sus hijos, tanto en conversaciones femeninas, como en blogs de internet, es característico ver frases del tipo: "Que tengan buena autoestima, que se sientan capaces, útiles, valiosos, satisfechos con la labor que desempeñen en la vida. Que se respeten a sí mismos y que se hagan respetar por los otros. Que desde los primeros años aprendan a ser responsables y a no rehuir el esfuerzo y laautodisciplina necesaria para conseguir sus objetivos, teniendo bien claro que todo lo que vale, cuesta. Que sean felices y que procuren hacer felices a los demás" (Mi cumbre.com, 2012).
Pero, ¿basta sólo con eso? ¿Es deber de la madre trasmitirle a sus hijos la felicidad, o ellos la deben descubrir por sus propios medios?
Ser madre es un gran regalo, y como toda moneda tiene dos caras, conllevatambién una gran responsabilidad. No sólo se espera que la progenitora le brinde protección, seguridad, apego y amor a su descendencia. Se espera además, que ella sea activa en la formación del carácter de su hijo, que lo aconseje bien, porque es la persona que mejor lo conoce y sabe lo que es bueno para él.
Existen varias miradas sobre la felicidad y cómo conseguirla. ¿Qué camino seguir?,¿estoicos o epicúreos? Ambas miradas sirven, cada cual en situaciones particulares, en casos diferentes. Ser estoico requiere de arrojo (Aristóteles ya lo decía: “la felicidad es un acto de voluntad”), en cambio ser epicúreo requiere de astucia, en el sentido de saber sortear con talento, diferentes embates de la vida, sin que el dolor se apodere de nosotros.
Cada experiencia que acumulamos es unagran enseñanza de vida, una gran herramienta para alcanzar la felicidad. Séneca, uno de los máximos exponentes del estoicismo, sostiene que “no existe lo bueno o lo malo: el hombre feliz es quien va con un espíritu bueno o malo como actitud de búsqueda, practicando la honestidad, evitando la soberbia, despreciando los placeres” (Séneca, L. 1997).
El proyecto de vida de una madre es la felicidad delos hijos, pero el proyecto de los hijos, no es la felicidad de la madre. Una madre debe entender que la felicidad de un hijo no debe ser la suya propia, cuestión que no es tan fácil porque significa un desprendimiento y generosidad de parte de ella y entender el verdadero sentido de esta sucesión de consecuencias.
La misión de una madre le significa constituirse en iluminadora de la verdad, paraque los hijos encuentren su propio camino: “No ir detrás del vulgo, sino buscar el propio camino. Ahí estará la verdadera felicidad” (Séneca, L. 1997).
Epicuro, principal exponente de los epicúreos, en su carta a Meneceo, propone su particular forma de llegar al bienestar, a través de la sapiencia y otras virtudes: “El principio de todo esto, y a la vez el mayor bien, es la sabiduría. Debemos...
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