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Dos mundos

«No te equivoques, Cory, te deseo»
Nick Morgan era el tipo de hombre que podía tener a la mujer que desease. Rico e increíblemente guapo, seguía soltero, y no parecía tener el menor deseo de casarse. Desde luego cuando eligiera a su futura esposa, no sería una mujer tan normal e inexperta como Cory, que jamás atraería la atención de un seductor nato.
Pero parecía que para Nick lainocencia de Cory era una especie de desafío…


Capítulo 1

Cory se dio cuenta al instante del error que había cometido al soltar a Rufus de la correa. El poderoso labrador cruzó Hyde Park como alma que lleva el diablo; a su paso las madres rescataban a sus hijos del suelo y las parejas de ancianos se apartaban con una habilidad que creían perdida desde hacía años. Hasta un grupo de jóvenescon los vaqueros rasgados a propósito y con piercings por todo el cuerpo, que antes se dirigían hacia ellos, de repente dejaron de parecer tan modernos, y tuvieron que apartarse entre gritos. A pesar de eso, Cory agradeció su buen humor.
-¿Por qué no le hice caso a mi tía? -se reprochó a sí misma en voz alta mientras corría fatigada detrás del perro, malgastando su valioso aliento en llamarlocada veinte metros.
Sin embargo, Rufus se había mostrado dócil y servicial durante el paseo por la Calle Baysvvater desde la casa de su tía, se había sentado cuando tenía que hacerlo, sin necesidad de decírselo, y guardado el paso como un verdadero perro adiestrado.
-No lo sueltes de la correa, Cory -justo antes de salir por la puerta, su tía, que tenía la pierna escayolada debido a una caídanefasta dos semanas atrás, le había advertido que no lo soltara-. Creo que yo podría confiar en él ahora, pero no sé cómo reaccionaría con otra persona. Es muy cariñoso, desde luego, y lo tuvieron encerrado muchísimo tiempo y lo descuidaron aún más, como ya te conté. ¡Pobre criatura!
«Pobre criatura» no era la frase que ella hubiera usado para describir al perro en esos instantes. Cory estabapreocupada. Sentía los pulmones a punto de explotar y le ardían el pecho y la garganta. Se le ocurrían unos cuantos calificativos, pero el de «pobre criatura» no estaba entre ellos.
Rufus hizo varias paradas relámpago para olfatear esas partes de la anatomía perruna que los perros encuentran tan interesantes. Cory se encontró más cerca de él que nunca desde que empezara la dichosa carrera. Reunió todassus fuerzas y gritó:
-¡Rufus, no te muevas!
Justo cuando el animal se preparaba para irrumpir en una reunión social con un poodle francés, giró la cabeza dorada y sus ojos marrones parecieron mostrar una expresión de asombro, como si no entendiera por qué ella no se había entregado de lleno a ese maravilloso juego que él había organizado. Cory aprovechó esa oportunidad para gritar:
-¡Ven aquí!¡No te muevas, Rufus! Todavía los separaban unos cincuenta metros largos, pero ella era incapaz de seguir corriendo, el dolor del costado se lo impedía. No supo si fue por la violencia de su voz o por el hecho de que había empezado a andar, pero el enorme perro de repente se dio cuenta de que había hecho algo malo. Después de dudar un instante, emprendió su carrera de nuevo, pero esta vezdirectamente hacia ella, dispuesto a impresionarla con la rapidez de su obediencia. Seguramente no vio la figura alta y bien vestida con la que estaba a punto de cruzarse. Hubo un instante interminable en el que el hombre y el perro se encontraron, pero los cincuenta kilos de músculo canino puro lanzaron a su víctima por los aires.
Un maletín de piel muy bonito salió volando por un lado, la chaqueta deltraje que llevaba sobre el hombro por otro, y lo único que Cory pudo hacer fue mirar perpleja y aterrorizada. El hombre aterrizó de espaldas haciendo temblar la tierra y hasta Rufus se dio cuenta de su tremendo error. Daba vueltas alrededor de la figura en el césped y, cuando Cory llegó a su altura, tenía las orejas pegadas a la cara y las mandíbulas lánguidas y temblaba como si estuviera a...
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