El caldero magico

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EL LIBRO DE LOS TRES

Cronicas de Prydain/1

Lloyd Alexander

Lloyd Alexander
Título original: The Book of Three Traducción: Albert Solé © 1964 by Lloyd Alexander © 1987 Ediciones Martínez Roca S. A. Gran vía 774 - Barcelona ISBN 84-270-1095-8 Edición digital: Umbriel R6 11/02

Para los niños que escucharon, los adultos que tuvieron paciencia y, especialmente, para Ann Durrell.Comentario del autor Esta crónica de la tierra de Prydain no es una remodelación ni una nueva versión de la mitología galesa. Prydain no es Gales... al menos, no del todo. Su inspiración procede de ese magnífico país y sus leyendas; pero, esencialmente, Prydain es un país que sólo existe en la imaginación. Algunos de sus moradores han sido extraídos de los viejos relatos. Gwydion, por ejemplo, es una«auténtica» figura legendaria. Arawn, el temible Señor de Annuvin, procede de los Mabinogion, la colección clásica de leyendas galesas, aunque en Prydain es considerablemente más maligno. Y hay una base mitológica real para el caldero de Arawn; Hen Wen, la cerda oráculo; el viejo hechicero Dallben y algunos otros personajes. Sin embargo Taran, el Aprendiz de Porquerizo, al igual que Eilonwy, la delcabello rojo dorado, nacieron en mi propia Prydain. La geografía de Prydain es única. Cualquier parecido entre ésta y la de Gales puede que no sea casual..., pero el libro no debe ser usado como guía para turistas. Es un país pequeño, pero con el espacio suficiente para la caballerosidad y el humor y, en él, hasta un Aprendiz de Porquerizo puede albergar ciertos sueños. La crónica de Prydain es unafantasía. Cosas semejantes jamás ocurren en la vida real. ¿O sí ocurren? A la mayoría de nosotros se nos llama a desempeñar tareas que se hallan mucho más allá de lo que nos creemos capaces de hacer. Nuestras capacidades rara vez están a la altura de nuestras aspiraciones y, a menudo, nos encontramos lamentablemente mal preparados para ellas. En ese sentido, todos somos Aprendices de Porquerizo enlo más hondo de nuestro corazón. Lloyd Alexander

1 - El Aprendiz de Porquerizo Taran quería hacer una espada; pero Coll, encargado del aspecto práctico de su educación, se decidió por las herraduras. Y toda la mañana había estado llena de herraduras. A Taran le Dolian los brazos y tenía el rostro negro a causa del hollín. Por fin, dejó caer el martillo y se volvió hacia Coll, que le estabaobservando con aire de crítica. —¿Por qué? —exclamó Taran—. ¿Por qué tienen que ser herraduras? ¡Como si tuviésemos caballos! Coll era fornido y rechoncho y su rosada y calva cabezota parecía brillar. —Es una suerte para los caballos —fue todo lo que dijo, contemplando la obra de Taran. —Lo haría mejor con una espada —protestó Taran—. Sé que lo haría. Y, antes de que Coll pudiese responder, cogiólas tenazas, puso sobre el yunque un trozo de hierro al rojo vivo y empezó a darle martillazos lo más deprisa que pudo. —¡Espera, espera! —gritó Coll—, ¡no se hace de ese modo! Sin prestar atención a Coll, sin ni tan siquiera poder oírle por encima del estruendo de los martillazos, Taran golpeó aún con más fuerza. El aire se llenó de chispas. Pero cuanto más fuerte golpeaba, más se retorcía y sedoblaba el metal hasta que, finalmente, el hierro escapó de entre las tenazas y cayó al suelo. Taran se lo quedó mirando, desanimado. Recogió con las tenazas el hierro retorcido y lo examinó. —No es una hoja muy adecuada para un héroe —señaló Coll. —Se ha echado a perder —concedió tristemente Taran—. Parece una serpiente enferma —añadió con cierto arrepentimiento. —Tal y corno intenté decirte—prosiguió Coll—, lo hiciste todo mal. Tienes que sostener las tenazas... así. Cuando golpees, la fuerza debe proceder de tu hombro y has de mantener suelta la muñeca. Cuando lo haces bien puedes oírlo. Hay una especie de música en el golpe. Por otra parte —añadió—, éste no es metal para armas. Coll devolvió la hoja retorcida y a medio hacer al horno, donde acabó de perder completamente su forma. —Me...
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