El libro del cementerio

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EL LIBRO CEMENTERIO

EL LIBRO CEMENTERIO

NEIL GAIMAN EL LIBRO DEL CEMENTERIO

Capitulo 1​​.... 5 Capitulo 2​​ 22 Capitulo 3​​ 42 Capitulo 4​​ 68 Capitulo 5​​ 97 Interludio​​ 113 Capitulo 6​​ 116 Capitulo 7​​ 143 Capitulo 8 ​ 198 Agradecimientos​​. 208

Vibran sus huesos sobre el empedrado. Sólo es un desharrapado que se ha quedado sin dueño. Letrilla popular infantil

Capítulo 1 Decómo Nadie llegó al cementerio C abía una mano en la oscuridad, y esa mano sostenía un puñal, cuyo mango era de brillante hueso negro, y la hoja, más afilada y precisa que una navaja de afeitar. Si te cortara, lo más probable es que ni te enteraras, o al menos no lo notarías de inmediato. El puñal prácticamente había terminado lo que debía hacer en aquella casa, y tanto la hoja como el mango estaban empapados. La puerta de la casa seguía abierta, aunque sólo un resquicio por el que se habían deslizado el arma y el hombre que la empuñaba, y por él se colaban ahora jirones de niebla nocturna que se trenzaban en el aire formando suaves volutas. El hombre Jack se detuvo en el rellano de la escalera. Con la mano izquierda, sacó un enorme pañuelo blanco del bolsillo de su abrigo negro, ylimpió el puñal y el guante que le cubría la mano con la que lo había empuñado; después, lo guardó de nuevo. La cacería casi había terminado ya. Había dejado a la mujer en su cama, al hombre en el suelo del dormitorio y a la hija mayor en su habitación, rodeada de juguetes y de maquetas a medio terminar. Sólo le quedaba ocuparse del más pequeño, un bebé que apenas sabía andar. Uno más, y habríaacabado su tarea. Abrió y cerró la mano varias veces para desentumecerla. El hombre Jack era, por encima de todo, un profesional, o al menos eso creía, y no se permitiría sonreír hasta que hubiera concluido su trabajo.

Aquel individuo, de cabellos y ojos oscuros, llevaba unos guantes negros de piel de cordero muy fina. La habitación del bebé se hallaba en el último piso. El hombre Jack siguiósubiendo por la escalera; la moqueta silenciaba sus pasos. Al llegar arriba del todo, abrió la puerta de la buhardilla y entró. Calzaba unos zapatos de piel negra tan afanosamente lustrados que parecían dos espejos negros, de modo que la luna creciente se reflejaba en ellos, como una miniatura. Tras el cristal de la ventana, se veía la luna real, aunque no lucía demasiado, pues la niebla difuminaba suresplandor. Pero el hombre Jack no necesitaba mucha luz; le bastaba con la luz de la luna. Le pareció distinguir la silueta de un niño en la cuna: cabeza, extremidades y torso. La camita disponía de una barandilla alta, para evitar que el bebé pudiera salir solo. El hombre se inclinó sobre ella, alzó la mano derecha, la que empuñaba el arma, se dispuso a apuñalarlo en el pecho... ... pero bajó lamano. La silueta que había visto era la de un osito de peluche. Allí no había ningún niño.

Los ojos de Jack se habían acostumbrado a la tenue luz de la luna, así que no quiso encender ninguna lámpara. Al fin y al cabo la luz no era imprescindible; él tenía sus propios recursos. Olfateó el aire. Ignoró los olores que él mismo había llevado a la habitación, desechó los que no le interesaban yse concentró en el olor de su presa. Olía al niño: un leve aroma de leche, como el de las galletas con trocitos de chocolate, y el penetrante olor de un pañal desechable empapado de orina. También percibía el aroma del champú impregnado en los cabellos de la criatura, así como el de algo pequeño, un objeto de goma («Un juguete pensó, y enseguida se corrigió. No, algo para chupar...») que el niñodebía de llevar consigo. El bebé había estado allí. Pero ya no estaba. El hombre Jack se dejó guiar por su olfato y bajó la escalera hasta el piso intermedio de aquella casa alta y estrecha. Inspeccionó el cuarto de baño, la cocina, la secadora y, por fin, el recibidor que había al final de la escalera, donde no encontró nada más que unas cuantas bicicletas, un montón de bolsas apiladas y vacías,...
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