El patrimonio y las atarazanas de sevilla

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  • Publicado : 1 de junio de 2011
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1. El patrimonio.
Lo peor del patrimonio es que no vamos a ponernos de acuerdo. Todos, quien más quien menos, nos estamos equivocando. Y no lo opino yo, incluso puede que no lo opine nadie ahora mismo. Pero ya vendrá alguien mañana cargado de argumentos respetables y ciencias mucho más avanzadas que las nuestras para demostrarlo. Sólo me alivia saber que quizás el siguiente a nuestrocrítico más severo -todo es cuestión de tiempo- se encargará personalmente de encontrar explicaciones admirables a nuestras vagas teorías y se burle de la sabiduría del que creyó poder ridiculizarnos. Claro que después le llegará su turno. La ley del péndulo de la mentalidad humana está muy por encima de nuestras actuaciones sobre arquitectura existente. Aunque también puede ser que nuestra visión de lahistoria acabe siendo ridícula frente al todopoderoso tiempo y unos, otros y los siguientes, acabemos incluidos bajo la misma corriente de pensamiento con un título en negrita más grande que nos abarque a todos. Pero ya me parecen estas primeras líneas cabalgar demasiado lejos. Nunca sabremos con cuánta perspectiva debemos juzgarnos. Eso no justificaría que nos quedáramos con los brazos cruzados.Habrá quien prefiera enredarse en la ignorancia, y no lo sepa –el que lo sabe se llama científico-, y opine que intentar abordar el patrimonio es el primer paso para destruirlo. No se equivoca lo más mínimo, la historia le da la razón. Pero hemos aprendido tanto equivocándonos, que el futuro se merece las mismas lecciones de nuestros inconcebibles y actuales errores. No obstante, no estoy endisposición de defender mi posición de tolerancia hacia todas las arquitecturas. Es evidente que la actualidad de la sociedad en la que vivo habla más de mí de lo que me gustaría. Así que tengo mis prejuicios, enormes prejuicios, contra ciertas actuaciones sobre el patrimonio. Y creo que es lo justo criticarlas e intentar escurrir las razones que les han llevado a cometerlas. Quizás me encuentre conque no sólo las entiendo, sino que en su época las compartiría. Y quizás me topara con qué mi opinión actual es el mero y banal fruto de otras mentes que han pensado más que yo, lo han dejado por escrito, y yo, estúpido animal, las he defendido como propias. A eso le podemos llamar educación, y estoy plenamente convencido de que es la mayor parte de nuestra conciencia. No me refiero a ideas que unoadquiere cuando cree estar en total disposición de aprender, sino aquellas que asimilamos antes de saber discernir, y que es probable, sino seguro, que influyan el resto de decisiones. Pero vuelvo a esconderme demasiado en los recovecos de la filosofía con tal de esquivar enfrentarme a un término tan contradictorio que asusta su dimensión. Me gusta pensar que el principal problema -que no sóloyo tengo- es que busco hablar de lo contemporáneo en el presente, mirando con los mismos ojos que miro al pasado. Parece lógico, pero nunca antes lo habíamos hecho. Con qué argumentos nos atrevemos a hablar en nombre del futuro, dándonos ya las distinciones y adulaciones de modernidad que aún no sabemos siquiera si algún día nos mereceremos. Tenemos tanto miedo a los que vengan mañana, queintentamos allanarles el terreno dándonos nombres, agrupándonos en movimientos, y clasificando minuciosamente lo que es moderno y lo anacrónico. Intentando borrar de un plumazo lo que el tiempo llamará caducado y lo que colocará en un pedestal para que las siguientes generaciones adoren y copien. Y puede ser que estemos dándonos cabezazos contra la misma pared, yo el primero, sin darnos cuenta de que eseerror es el que nos lleva a la constante contradicción con nosotros mismos a la hora de intentar distinguir qué consideramos patrimonio y que no. Esa es, al fin y al cabo, la eterna duda. Sucede de manera igualmente evidente con el arte. Podríamos llegar a considerar incluso caminos paralelos la evolución de ambos términos. Y siendo así, podríamos recordar cómo era prácticamente condición...
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