El ultimo mohicano

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Capítulo I
CABALGATA Y MUJERES EN MEDIO DE LA SELVA
Una amplia frontera de selvas, aparentemente impenetrables, separaba los territorios de las enemigas provincias ocupadas por Francia y por Inglaterra. Con el tiempo, llegó a parecer que no había sitio tan oscuro en la selva, ni lugar secreto tan aislado, que se hallara libre de las incursiones de los que daban su sangre para satisfacer unavenganza, o para mantener la egoísta y fría política de los lejanos monarcas europeos.
Las facilidades que allí ofrecía la naturaleza para la marcha de los combatientes eran demasiado claras para no ser utilizadas. La superficie alargada del Champlain se extendía desde las fronteras del Canadá y penetraba bastante en los límites de la vecina provincia de Nueva York, formando un paso natural quereducía a la mitad la distancia que los franceses tenían que recorrer para atacar a sus enemigos.
El sagrado lago Horigan se extendía hasta unas doce leguas más al sur. Con la alta meseta que allí se interpone impidiendo el paso del agua, comienza una zona de otras tantas millas que conduce, a quién quiera aventurarse en ella, hasta las riberas del río Hudson.
Buscando cómo hostigar al enemigo, losfranceses intentaron cruzar los distantes y ásperos desfiladeros de los montes Alleghany. Esta zona se convirtió en la sangrienta arena donde se trabaron casi todas las batallas por la posesión de las colonias. Se construyeron fortalezas en los diferentes puntos de acceso, que una y otra vez fueron arrasadas y reconstruidas, según la victoria se inclinaba a uno u otro de los bandos enemigos.Capítulo II
DOS MOHICANOS Y UN CAZADOR
A orillas de un pequeño río de rápida corriente, a una hora de distancia del campamento de Webb, se encontraban dos hombres. La selva se extendía hasta la misma orilla. En aquel sitio reinaba el más profundo silencio. Uno de los dos hombres tenía la piel roja y el atavío de los salvajes de la región; el otro, aunque vestía como indio, parecía ser de origeneuropeo, a pesar de su piel curtida por el sol.
El indio estaba sentado sobre un tronco caído y cubierto de musgo, su cuerpo casi desnudo lucía un aterrador emblema de la muerte, pintado en negro y blanco. Su cabeza rapada sólo conservaba un mechón de pelo en la parte superior, sin otro adorno que una pluma de águila que caía sobre el hombro izquierdo. De su cinturón pendían un tomahawk y un puñal.Sobre sus rodillas desnudas apoyaba un corto rifle militar.
El cuerpo del otro era el de un hombre que había soportado el trabajo duro. Era delgado pero musculoso, vestía una chaqueta de cazador, de color verde oscuro con flecos amarillos, gorro de piel y llevaba un cuchillo en su cinturón. Sus mocasines tenían los vistosos adornos que son comunes entre los indios. Complementaban su vestimenta labolsa y un cuerno. A su lado, apoyado contra un árbol, tenía su largo rifle. A pesar de todo esto, su mirada era franca y tenía una expresión de ruda honradez.
Capítulo III
ATRAPADOS, Y SIN PÓLVORA
Heyward y sus compañeras presenciaban con cierta inquietud tales movimientos, sólo el músico se mostraba indiferente a todo.
Poco después se oyeron voces contenidas, como si fueran llamados venidosdesde el centro de la tierra y una repentina luz reveló a los que estaban afuera el tan preciado secreto de aquel lugar.
En el extremo de una profunda caverna abierta en la roca estaba sentado el cazador con una antorcha de pino en su mano, cuya llama le daba aspecto fantástico; un poco más adelante estaba Uncás, de pie.
Los viajeros miraban ansiosos la esbelta y flexible figura del jovenmohicano que tenía la libertad y la gracia de movimientos de un cuerpo juvenil. Vestía una casaca de caza, sus ojos tenían la mirada firme y serena, sus facciones, pronunciadas y aguileñas, acusaban la pureza ole su raza.
Era la primera oportunidad que Duncan Heyward tenía para observar claramente a sus protectores indios. Todos expresaron abiertamente su admiración por aquel noble ejemplar humano de...
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