Freud y kierkegaard

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FREUD CON KIERKEGAARD

A propósito de la repetición en la clínica del psicoanálisis

Por: Josafat Cuevas S.

La repetición (otra vez....). Vamos a intentar abordar la cuestión de la repetición desde el sesgo del acto. Tal vez no sea un mal inicio, pues el mismo Kierkegaard empieza su texto acerca de ella -que subtitula ni más ni menos como “Un ensayo de psicologíaexperimental”, y que firma con el seudónimo de Constantin Constantius[1]-, comentando aquella historia de Diógenes Laercio según la cual su homónimo Diógenes el cínico habría refutado terminantemente a los discípulos de Zenón: “Todo el mundo sabe que cuando los Eleatas negaron el movimiento, Diógenes les salió al paso como contrincante. Digo que “les salió al paso”, pues en realidad Diógenes nopronunció ni una sola palabra en contra de ellos, sino que se contentó con dar unos paseos por delante de sus mismas narices, con lo que dejaba suficientemente en claro que los había refutado”[2].
Veremos más adelante que la dimensión de acto de la repetición está en el centro de la experiencia inaugurada por Sigmund Freud. Pero antes citaremos un poco y comentaremos otro tanto algunos pasajes deltexto de Kierkegaard. Nuestro autor, que en otros escritos (vgr. El concepto de la angustia) se refiere a la filosofía de los griegos como “filosofía primera”, va aquí a contraponerle la repetición como categoría fundamental de una secunda philosophia, por él promovida: “...la repetición viene a expresar de un modo decisivo lo que la reminiscencia representaba para los griegos. De la misma maneraque éstos enseñaban que todo conocimiento era una reminiscencia, así enseñará también la nueva filosofía que toda la vida es una repetición”[3]. El traductor y comentarista de la edición de las Obras y papeles de Kierkegaard en español, Demetrio G. Rivera señala, de manera pertinente, que la categoría de repetición es “única, la más envolvente y escurridiza de todas las kierkegaardianas”[4]. ParaKierkegaard la auténtica repetición es imposible en la esfera puramente estética de la existencia (cuyos paradigmas son don Juan Y Fausto); ni siquiera en el plano ético, lo que queda mostrado, de nuevo irónicamente, cuando Constantin Constantius, buscando comprobar empíricamente si la repetición existe, se dirige nuevamente a Berlín, donde ya había estado unos años antes: “inmediatamente me dirigía mi antigua posada para convencerme cuanto antes de la posibilidad y límites de la repetición (...) [pues] en mi primera estancia en Berlín tuve la suerte de encontrar un alojamiento agradable y magnífico (...) este recuerdo fue una de las cosas que más me animaron a hacer mis maletas y soportar las incomodidades de tan largo viaje. (...) ¡Ay!, pero apenas llegué a mi antiguo alojamiento, me diperfecta cuenta que aquí no era posible ninguna repetición (...) mi posadero se había casado”[5]. Sabemos que el paradigma del estadio ético de la existencia es para Kierkegaard el matrimonio. Así que tampoco en esta esfera se puede lograr cabalmente la repetición. Solamente el “caballero de la fe”, encarnado por Abraham, frente a la demanda terrible de Yahvé de sacrificar a su hijo unigénitoIsaac, alcanza plenamente la repetición en el estadio religioso de la existencia. También Job y su “prueba” constatan la posibilidad de la repetición en la esfera religiosa, imposible en los estadios ético y estético.
Con una gran finura, Kierkegaard plantea que la repetición y el recuerdo constituyen un mismo movimiento, pero en sentido contrario, porque “lo que se recuerda es algo que fue, y encuanto tal se repite en sentido retroactivo. La auténtica repetición, suponiendo que sea posible, hace al hombre feliz, mientras que el recuerdo lo hace desgraciado”[6]. Más adelante relacionaremos esta idea con la formulación freudiana de que “el histérico padece por la mayor parte de reminiscencias”[7].
Ahora bien: ¿qué es la repetición? De acuerdo siempre con su método de la ironía, Kierkegaard...
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