Ha llegao el aguila

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  • Publicado : 2 de marzo de 2012
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HA LLEGADO EL AGUILA (1975) Jack Higgins A mis hijos, Sarah, Ruth, el joven Sean y la pequeña Hannah, que, cada uno a su modo, han sufrido y sudado por mi culpa, pero sobre todo a Amy, que ha aprendido a convivir con ese pequeño clic tan significativo cada vez que ha atendido el teléfono en los últimos dos años...

NOTA DEL AUTOR Exactamente a la una de la mañana del sábado 6 de noviembre de1943, Heinrich Himmler, Reichsführer de las SS y jefe de la Policía, recibió un lacónico mensaje: Ha llegado el Aguila. Quería decir que un pequeño destacamento de paracaidistas alemanes había llegado a Inglaterra con el propósito de secuestrar al primer ministro, WinstonChurchill, sacándolo de la casa de campo de Norfolk, lugar en el que se encontraba pasando un fin de semana. Este libro trata derecrear los acontecimientos que tuvieron lugar en torno a este sorprendente plan de secuestro. Un cincuenta por ciento del material empleado corresponde a hechos históricos. El lector deberá decidir por sí mismo qué porcentaje del otro cincuenta porciento corresponde a especulaciones o a la imaginación del autor... Ahora el campo de batalla es una tierra de cadáveres de pie; vivirán los decididos amorir, y morirán los que esperan salir con vida. WU CH’I

1 Alguien estaba cavando una tumba en una esquina del cementerio cuando entré y atravesé el pórtico. Lo recuerdo con toda claridad porque luego me pareció que eso había preparado el escenario para cuanto sucedió a continuación. Cinco o seis cuervos se alzaron de las hayas que había en el extremo oeste de la iglesia como si fueran hatos deharapos negros; se gritaron airados unos a otros, mientras yo avanzaba por entre las tumbas y me acercaba a la que estaban abriendo; me subí el cuello del abrigo para protegerme de la lluvia. El hombre que estaba allí hablaba consigo mismo en voz baja. Era imposible captar lo que murmuraba. Me situé a un lado del montón de tierra fresca y tuve que saltar para eludir la tierra que una pala tirabahacia arriba desde el fondo; miré adentro. —Una mañana poco agradable para hacer esto. Alzó la vista, y se apoyó en la pala. Era un viejo muy viejo, con una gorra de paño y un traje ajado y sucio de barro; llevaba un chaquetón sobre los hombros. Sus mejillas estaban hundidas, vacías, cubiertas de barba gris mal afeitada; los ojos eran muy húmedos y ausentes. Volví a intentarlo. —La lluvia —dije.Pareció comprender, esta vez. Levantó un momento la vista, miró el cielo sombrío y se frotó la barbilla. —Será aún peor antes de que por fin aclare, ya lo he dicho. —Le va a complicar las cosas —afirmé. En el fondo del agujero había por lo menos quince centímetros de agua. Empujó con la pala un extremo de la tumba y ésta terminó de abrirse, como algo podrido que estallara; la tierra cayó desde losbordes, a raudales. —Podría ser peor. Han puesto a tantos en este patio de huesos a lo largo de los años, que la gente ya no reposa en la tierra. Ahora se los sepulta sobre restos humanos. Se rió, dejando al descubierto las encías desdentadas; se inclinó, escarbó un poco la tierra a sus pies y sacó el hueso de un

dedo. —¿No se lo decía? Incluso los escritores profesionales, que sienten la llamadade la vida en toda su infinita variedad, sienten también definidamente sus límites en ciertas ocasiones; decidí que era tiempo de seguir caminando. —¿Estoy bien encaminado? ¿Aquel edificio es una iglesia católica? —Aquí somos todos católicos. Siempre lo hemos sido. —Entonces quizá me pueda ayudar. Estoy buscando una tumba, puede estar también dentro de la iglesia. De Gascoigne... CharlesGascoigne. Un marino. —Nunca le he oído nombrar. Hace cuarenta y un años que soy sepulturero en este lugar. ¿Cuándo le enterraron? —En 1683. Su rostro no cambió de expresión. Me dijo con calma: —Bueno, eso es antes de mi tiempo, ya ve usted. El padre Vereker... quizás él sepa algo. —¿Estará dentro? —Allí o en el presbiterio. Al otro lado de los árboles, detrás del muro. En ese instante, por alguna razón,...
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