Jose martinez queirolo

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  • Publicado : 16 de noviembre de 2010
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La casa de José Martínez Queirolo queda sobre la calle Bolivia, al sur de Guayaquil, cerca del bario Centenario, “solo que ahí viven los ricos, acá todavía estamos los pobres”, dice “Pipo”, el último dramaturgo de la vieja guardia que aún se encuentra con vida, y en plena actividad.

En el segundo piso, al que conducen unas crujientes escaleras de madera, el maestro ha instalado una pequeñasala de teatro, en la que llegaron a presentarse obras para el público, aunque ahora ya solo se utiliza para ensayos.

A sus 75 años, Martínez Queirolo goza de una extraordinaria vitalidad. Con una impecable guayabera blanca sube a paso firme por las gradas. Se sienta en una de las sillas que alguna vez estuvieron destinadas al público y empieza a hablar. Las palomas que caminan sobre el zinc deltecho simulando una llovizna con sus patas, gorjean cada pocos minutos.

“En general en nuestro quehacer cultural hay una tendencia a hacer un arte difícil. Con eso los artistas se solazan, creen que son más cultos, y la verdad es que no los entiende nadie. Yo les digo a mis compañeros intelectuales que son los culpables de que los niños, los jóvenes no lean. Porque aunque entre ellos se leen, seentienden, se comprenden bien, yo le pregunto a una persona racional y no entiende”, dice Martínez Queirolo, cuyas obras -farsas, dramas y tragedias, muchas de ellas de contenido marcadamente social, se encuentran entre las más leídas y representadas en nuestro país desde hace 50 años.

Enseguida, deriva hacia el teatro, pero continúa su crítica hacia los contemporáneos: “Está de moda el teatrode la improvisación... ese es el antiteatro. La improvisación es un medio, para salir del paso si uno se olvida el papel. Se está echando por tierra todo lo que el teatro puede hacer para comunicar ideas. No pueden crearse ideas si nadie se pone de acuerdo sobre lo que quiere comunicar, si es solo una cosa del momento”.

En Martínez Queirolo la indignación es auténtica, aunque moderada,contenida, reflexiva. Rechaza la creación colectiva como método, convoca al regreso de la dramaturgia, pero siempre dentro de la mecánica del teatro, sin alejarse de las tablas. “He leído que en adelante ya no se van a publicar obras de teatro, que las editoriales han decidido eso, ahora todo se va a crear sobre la escena... Ellos no se dan cuenta que el teatro comunica, mientras el autor quieracomunicar. Si ellos no comunican nada, la gente así lo percibe. Se ponen de espaldas a la realidades sociales que estamos viviendo”.
En cambio, defiende la permanencia de sus obras porque tratan problemas que siguen teniendo vigencia: “La mayoría de mis obras son de hace 20, 30 años, yo digo que todavía existen porque los problemas en esta tierra no se resuelven nunca, entonces digo que aún tienenvigencia. Por eso me piden que se sigan representando”.

Hace poco, en su ciudad le rindieron homenaje a su obra, con una serie de presentaciones de sus creaciones, en algunas de las cuales incluso actuó. Pero no siempre fue así. “Ahora yo soy famoso y me molesta. Son gajes del oficio. Pero para mí la vida no ha sido fácil, como escritor. Yo me he hecho entre grupos teatrales estudiantiles, enrepresentaciones amateur, llenas de dificultades”.

“Pipo” es el hijo de una familia tradicional guayaquileña “en la que solo se podía ser médico, abogado o ingeniero, de manera que ser actor de teatro no estaba bien visto”. Se detiene un momento, acomoda sus pesados lentes de marco de carey y continúa: “Yo estuve interno en varios colegios, aunque siempre fui un niño dócil, no daba problemas, pero mifamilia sí tenía problemas. Mis padres no estaban juntos, de manera que lo primero que hacían al llegar a un nuevo lugar era buscar un internado”.

Ahí da sus primeros pasos literarios: “Yo gané el primer premio en el concurso de poesía, pero en vez de ayudarme, me perjudicó, porque para mis compañeros eso no era ningún mérito, siempre me lanzaban cosas a la cabeza... Fue tal la acogida que...
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