Kanon wakeshima

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  • Publicado : 5 de mayo de 2011
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Deidre Martin
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CONTACTO

Para Mark, siempre y eternamente.

Agradecimientos

Quiero dar las gracias a:
Mi agente, Elaine English, y a mi editora, Allison McCabe, por su voluntad de arriesgarse.
John Rosasco, vicepresidente de Relaciones Públicas de los New York Rangers, por permitirme interrogarle para aprender de él.
Jacquie Powers, por susconocimientos de jardinería.
Meg Janifer, periodista deportiva y fan del jockey, por sus conocimientos sobre lo que realmente ocurre en el vestuario.
Mi esposo, Mark Levine, por sus amplios conocimientos sobre el mundo del deporte y también por su buen ojo editorial.
Y por fin, y no por ello menos importantes, a mamá, papá, Bill, Allison, Beth, Dave.Tom y Jane por su amor inquebrantabley su apoyo.

ÍNDICE

Capítulo 1 5

Capítulo 2 19

Capítulo 3 32

Capítulo 4 42

Capítulo 5 57

Capítulo 6 66

Capítulo 7 78

Capítulo 8 91

Capítulo 9 99

Capítulo 10 110

Capítulo 11 117

Capítulo 12 126

Capítulo 13 136

Capítulo 14 148

Capítulo 15 158Capítulo 16 166

Capítulo 17 175

Capítulo 18 185

Capítulo 19 195

Capítulo 20 206

Capítulo 21 214

Capítulo 22 222

Capítulo 23 230

RESEÑA BIBLIOGRÁFICA 243

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Capítulo 1

No muchas mujeres podrían presumir de que entrar en un vestuario lleno de deportistas en pelotas forma parte de sutrabajo, aunque tampoco existen muchas mujeres con un trabajo como el de Janna MacNeil.
Relaciones públicas especializada en remodelar la imagen de sus clientes, así como en restituir los daños ocasionados por una mala imagen, Janna había sido contratada por Kidco Corporation para reconvertir la reputación de los New York Blades, el equipo de Manhattan que competía en la Liga Nacional de hockeysobre hielo. Para decirlo con buenas palabras, los chicos del equipo eran famosos por jugar duro tanto sobre el hielo como fuera de él. Algo que se había hecho más evidente que nunca en la última temporada, después de hacerse con la Stanley Cup por primera vez en veinte años. Todo el mundo sabe que los chicos son chicos, pero esos chicos pasearon la Copa por diversos locales de strip-tease deManhattan, donde disfrutaron del extraño y singular placer de contemplar cómo señoritas con cubre pezones y poca cosa más «actuaban» con lo que muchos consideraban el Santo Grial de los deportes. Peor aún, corrían rumores sobre la existencia de una fotografía en la que aparecían unos cuantos jugadores junto a la Copa, con pajitas de plástico pegadas a la nariz y la cabeza inclinada en acto de reverenciapara esnifar de un montoncito de cocaína. No es de extrañar que el malhumorado y recién estrenado jefe de Janna, Lou el Toro Capesi, engullese medicamentos para la acidez como si de agua mineral se tratara. El equipo era una verdadera pesadilla para cualquier profesional de las relaciones públicas.
Y a Janna le pagaban muchísimo dinero para cambiar todo eso.
Abriéndose camino entre elbullicioso grupo de periodistas que revoloteaba por el luminoso vestíbulo de suelo de hormigón que daba acceso al vestuario, Janna se armó de valor pensando en lo que le esperaba al otro lado de la puerta: cuerpos masculinos desnudos y sudorosos. Muchos. Hombres grandes y musculosos riendo y bromeando entre ellos, sacudiéndose los traseros con las toallas. Hombres saliendo tranquilamente de la ducha.Hombres haciendo estiramientos, masajeándose unos huesos castigados por la batalla. El día anterior había conocido a aquellos hombres en las mismas circunstancias —a todos, excepto a su capitán, Ty Gallagher, que empezaba las sesiones de entrenamiento un día después—.Lou había hecho las presentaciones y ninguno de ellos se había mostrado incómodo en absoluto por deambular completamente desnudo...
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