La calera

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  • Publicado : 21 de marzo de 2011
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calera
Alguna vez, en lejanas épocas sin historia, el mar había llegado hasta allí. Por eso
en el tajo hay fósiles de conchas.
—Buenas tardes, Eliseo.
—Buenas tardes, ñor Rosales. ¿Qué lo trae por estos lados?
—Pues nada, Eliseo; el gusto de saludarlo.
Y ñor Rosales entró en el encaladado galerón de la calera.
Casi todo es blanco: el camino, el puente, el muro, la tranquera, la casa ylos troncos
de los árboles. En el fondo el escarpado tajo de piedra caliza, con el gris del tiempo. Cuando el sol baja, quiebra sus rayos en las lajas de la escarpa, y los rayos caen despedazados sobre los potreros.
—Hombré, Eliseo... ¿Le compro esta finquita con casa, calera, carreta y yunta?
—No, ñor Rosales, como va a crer...
—Vea, Eliseo, yo soy hombre de poco platicar. Le doy sesentamil pesos, billete
sobre billete.
—No,ñor Rosales. La oferta es buena, pero ni me haga juerza porque no la vendo.
—¡Ah!... ¡Qué Eliseo tan encariñado con esto!
—Asina soy yo, ñor Rosales.
—Bueno, Eliseo. ¿Qué vamos’hacer? Voyir haciendo viaje, pues.
—Bueno, ñor Rosales, que Dios lo lleve con bien.
Y el viejo salió del encalado galerón de la calera.. Casi todo es blanco.
Lina, la jovenesposa de Eliseo, es también blanquísima de piel. Muy bonita es Lina. Su pelo castaño tiene reflejos de horno encendido, y sus ojos son verdes, como las hojas tiernas de los naranjos.
No se sabe por qué, empezó a llegar por ahí la Cholita. La Cholita es ahijada de ñor Rosales. Tiene el color moreno; sus ojos son negros y el pelo negrísimo. Así es la Cholita.
Cuando Eliseo quemaba piedra en elhorno, ella estaba ahí, estorbándolo con preguntas inútiles. Cuando Eliseo guiaba sus bueyes, ella se subía a la carreta y buscaba entre las piedras fósiles de conch as.
Cuando Eliseo minaba el tajo, la Cholita estaba ahí, con los brazos cruzados por la
espalda, erguida, mirando a los picapedreros.
Y lo grave era, de todo aquello, que el magnífico contraste que hacía aquella muchacha tan morena,en el fondo terriblemente blanco del paisaje, empezaba a gustarle a Eliseo.
—¿Por qué no te vas pa tu casa, Cholita?... Déjame trabajar.
—¡Ah!... Qué don Eliseo...
Al venir la noche, llegaba el calero a su casa y miraba a su mujer. Blanca, muy blanca, con los ojos verdes y el pelo castaño claro. Después pensaba en la Cholita. Morena, quizás demasiado morena, con los ojos negros y el pelocarbón brillante. Luego pensaba en el paisaje. Blanco el tajo, blancos los troncos, y la casa y la tranquera

y el muro y el puente. Las trochas blanqueadas con el polvo de cal que se derrama al
desbordarse de las carretas... y el rojo blanco de las calcinaciones.
Y la esposa:
—Decime una cosa, Eliseo: ¿Por qué la Cholita de ñor Rosales se pasa metida en la
calera?
—Yo qué sé.
—S’estáponiendo muy guapa la Cholita. ¿Verdá, Eliseo?
—Yo que sé.
—¿Te gusta, Eliseo?
—Yo que sé. ¡Yo qué sé! . . .¡Ah carambas!
Y el marido terminaba por salir al corredor de su casa, para sumergir sus ojos en la
negrura de la noche.
Una mañana, Lina resolvió visitar a su vecino.
—Buenos días, ñor Rosales.
—Buenos días, mi’hijita. Pase adelante y se sienta.
—Muchas gracias. Aquí no más...Vea, ñor Rosales, vengo a...
No hallo cómo decirle... Es por el bien de su ahijada. Usté sabe, ñor Rosales, es una
muchacha tan joven y tan bonita...
—¡Ay señora, no me diga más! ¡Viera cuántos disgustos m’está dando esa confisgada muchacha! No hay modo de que tenga juicio. Sí, sí; ya sé, ya sé. Se pasa metida en la calera de Eliseo. ¡Achará!... ¡Una muchacha tan bonita, tan engreída y tanhombrera. ¿Verdá? Después le pasa algo... ¡Ah!¡Qué muchachas las de hoy en día! En mis tiempos...
—Bueno, ñor Rosales, si ya usté lo sabe, usté sabe lo que tiene que hacer. Y
dispénseme, ñor Rosales, que dejé el arroz en el fuego.
—Bueno, m’hijita. Muchas gracias por advertírmelo. Yo voy a platicar otra vez con
esa vagamunda.
—Pero no le diga que yo le dije...
—No tenga cuidao, m’hijita,...
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