La irreversible corrupción del prd

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  • Publicado : 25 de marzo de 2011
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La irreversible corrupción del PRD

MÉXICO, D.F., 14 de febrero (apro).- La negativa de Lázaro Cárdenas Batel a presidirlo, pese a contar con el consenso de las facciones internas, revela que el Partido de la Revolución Democrática (PRD) no honra sino desprestigia.
         Y no es de gratis: El partido político que se propuso en su fundación, hace dos décadas, impulsar la democratización, eligualitarismo y la lucha contra la corrupción en México degeneró en un resumidero de intereses facciosos sin capacidad de defender algo que valga la pena.
         Por eso la ruptura irreversible del PRD no es entre corrientes --que ya es en sí mismo un lugar común--, sino de carácter ético.
         Un partido político que solapa la corrupción de sus integrantes no tiene autoridad moral nipolítica para reclamarla a sus antagonistas.           
         Y ya se sabe: La corrupción no es sólo robarse el dinero ajeno ni ejercer la función pública con ineptos, sino garantizar impunidad a conductas tan deleznables como adulterar el sufragio popular o simular su defensa.
         La coartada de Cárdenas Batel para desairar la invitación a presidir el PRD fue que tiene compromisos previos--que no serían obstáculo si tuviera voluntad--, pero lo que sin duda lo disuadió fue el diagnóstico que entre muchos otros ha hecho su padre, Cuauhtémoc Cárdenas, sobre la desorganización, conflictos y falta de propuesta de ese partido.
Al PRD, sentenció en una entrevista en El Universal, no lo une ni un milagro.
         Sin profundizar en las propias culpas de los Cárdenas --Cuauhtémoc por sumezquindad en 2006 y Lázaro por sus relaciones con Carlos Ahumada, sólo por mencionar dos casos--, es evidente que el PRD padece una crisis terminal, aun cuando su disolución --o muerte-- demore años.
         El simplismo diría que todos los perredistas tienen la culpa de la defunción de un proyecto de izquierda indispensable para México, pero en todo caso hay más culpables que otros y sobre todonadie puede objetar la condición de verdugos de los Chuchos, la facción hegemónica en el PRD.
         Nueva Izquierda, encabezada por Jesús Ortega y Jesús Zambrano, puso al PRD al servicio de Felipe Calderón desde que, en noviembre de 2008, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) le dio el triunfo pese al cúmulo de evidencias de fraude en las elecciones de marzo de eseaño.
El vasallaje de los Chuchos hizo posible que, tras la debacle del PRD y del PAN en 2009, se hayan establecido alianzas ganadoras en Puebla, Oaxaca y Sinaloa, que salvaron a ambos partidos del ridículo. En los hechos, Ortega ha sido otro presidente partidista por Calderón, igual que Germán Martínez y César Nava.
Por eso Ortega y el PRD en su conjunto han enmudecido ante las decisiones delgobierno en todos los órdenes, en particular la política económica y la “guerra” que encharca de sangre --mucha de ella de mexicanos inocentes, cada vez más niños y jóvenes-- amplias comarcas del país.
Pero la responsabilidad en la descomposición del PRD es, también, de Andrés Manuel López Obrador, no sólo por haber alentado en su momento la presidencia de Leonel Cota, un pusilánime que nisiquiera le fue útil en el proceso electoral de 2006, sino por no haber institucionalizado ese partido desde su gestión (entre 1996-1999), cuando el secretario general fue Ortega.
Es sabido que, desde ese cargo, Ortega tramó el secuestro de la estructura partidaria por parte de su corriente hasta convertirse en la dominante --a la manera en como la ultraderechista Organización Nacional del Yunque lo hahecho en el PAN--, siempre con el aval de López Obrador quien, en 2006, lo designó coordinador de su campaña.
Pero lo más grave --además de claudicar ante el saqueo del patrimonio nacional que auspicia la impunidad-- es que el PRD no ha sido capaz de articular un proyecto alternativo de nación, pero no el de López Obrador --o uno de ellos, porque ahora resulta que presentará otro en marzo--,...
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