La parcela

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q(Guadalajara, 1850 - ciudad de México, 1923) Novelista mexicano. Hijo de un abogado, con buena clientela y posición económica, hizo los estudios de derecho y completó su formación con un largo viaje por Europa y Asia, cuyas impresiones recogió en un libro titulado Impresiones de viaje (1873).
Periodista, abogado en ejercicio, magistrado, diputado y gobernador de Jalisco, fue secretario deRelaciones Exteriores con Victoriano Huerta (1914). López Portillo no alcanzó verdadera jerarquía literaria con el libro de viajes ya citado, ni con sus poesías (Armonías fugitivas, 1892); no dejan de tener interés sus intentos de ensayo: Rosario la de Acuña (1920) y Elevación y caída de Porfirio Díaz (1921), aunque tampoco hubiera pasado el autor a la posteridad con ellos.
Merece atención en cambiocomo cuentista, pues en sus narraciones cortas se advierten las calidades del escritor de tono regional con influencias naturalistas: Seis leyendas (1883), Novelas cortas (1909), Sucesos y novelas cortas (1903), Historias, historietas y cuentecillos (1918). En cambio, la convicción íntima suele persuadir, aunque en el método del
raciocinio reine el mayor desorden. ¡Tan irresistible es el acentode la fe!
La religión es amor y, porque es amor, es poesía.
He aquí el tema que me he propuesto desenvolver hoy.
Al tratar un asunto tan grande en tan corto espacio y con tan escasa ciencia
como la de que yo dispongo, sólo me anima una esperanza. Si para persuadir
basta creer, yo siento lo que escribo.
Hace ya mucho tiempo - yo no te conocía y con esto excuso el decir que aún no
había amado-, sentí en mi interior un fenómeno inexplicable. Sentí, no diré un
vacío, porque sobre ser vulgar, no es ésta la frase propia; sentí en mi alma y en
todo mi ser como una plenitud de vida, como un desbordamiento de actividad
moral que, no encontrando objeto en qué emplearse, se elevaba en forma de
ensueños y fantasías, ensueños y fantasías en los cuales buscaba en vano la
expansión, estandocomo estaban dentro de mí mismo.
Tapa y coloca al fuego un vaso con un líquido cualquiera. El vapor, con un
ronco hervidero, se desprende del fondo, y sube, y pugna por salir, y vuelve a
caer deshecho en menudas gotas, y torna a elevarse, y torna a deshacerse, hasta
que al cabo estalla comprimido y quiebra la cárcel que lo detiene. Éste es el
secreto de la muerte prematura y misteriosa dealgunas mujeres y de algunos
poetas, arpas que se rompen sin que nadie haya arrancado una melodía de sus
Cartas literarias a una mujer Gustavo Adolfo Bécquer
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cuerdas de oro. Ésta es la verdad de la situación de mi espíritu, cuando aconteció
lo que voy a referirte.
Estaba en Toledo, la ciudad sombría y melancólica por excelencia. Allí cada
lugar recuerda una historia, cada piedra un siglo,cada monumento una
civilización; historias, siglos y civilizaciones que han pasado y cuyos actores tal
vez son ahora el polvo oscuro que arrastra el viento en remolinos, al silbar en
sus estrechas y tortuosas calles. Sin embargo, por un contraste maravilloso, allí
donde todo parece muerto, donde no se ven más que ruinas, donde sólo se
tropieza con rotas columnas y destrozados capiteles, mudossarcasmos de la loca
aspiración del hombre a perpetuarse, diríase que el alma, sobrecogida de terror y
sedienta de inmortalidad, busca algo eterno en donde refugiarse, y como el
náufrago que se ase de una tabla, se tranquiliza al recordar su origen.
Un día entré en el antiguo convento de San Juan de los Reyes. Me senté en una
de las piedras de su ruinoso claustro y me puse a dibujar. Elcuadro que se
ofrecía a mis ojos era magnífico. Largas hileras de pilares que sustentan una
bóveda cruzada de mil y mil crestones caprichosos; anchas ojivas caladas, como
los encajes de un rostrillo; ricos doseletes de granito con caireles de yedra que
suben por entre las labores, como afrentando a las naturales; ligeras creaciones
del cincel que parecen han de agitarse al soplo del viento;...
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