La triste historia del pascola cenovio

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  • Publicado : 5 de diciembre de 2011
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La triste historia del Pascola Cenovio.
Fco. Rojas Glez.
CENOBIO TÁNORI vivía en Bataconcica;  joven y galán, “estimado de los hombres y amigo de las mujeres”, el yaqui gustaba lucir su arrogancia en ferias, festividades y velorios, donde hacia gala de sus aptitudes para la danza. Fama era de que en toda la región no había con quien se le comparara en el arte de bailar, de bailar las danzasásperas, rigurosas  y ancestrales… Para Tánori no había mayor gloria que lucirse en los airosos saltos del “pascola” , sacudiendo como joven bestia las pantorrillas forradas con los vibrantes “ténavaris”, que son especie de cascabeles de oruga o de capullos. Era placer para todos admirar la gracia y la donosura con que Cenobio Tánori, con el rostro cubierto por horripilante máscara caprina, arañabacon los dedos de sus píes desnudos la pista de tierra suelta y recién regada, cubierta en veces por pétalos de rosas o por verdura cimarrona, al compás de la melodía pentafónica nacida de la flauta de carrizo y cómo su torso hercúleo y desnudo se cimbraba, se estremecía, a imitación del animal revivido en sus instantes más emotivos: el coraje, el miedo, el celo, mientras la sonaja de discos en laizquierda del danzarín se acomodaba al ritmo punteado del redoblante, instrumento capital en la música que acompañaba a la coreografía totémica.
El arte no ha sido pródigo para quien lo ejerce; las intervenciones de Tánori tenían por lo general flaca recompensa: Una humeante y olorosa cazuela de “Guacavaqui”, un trozo de carne de res asada en brasas, un par de tortillas de harina de trigo suaves ycalientes y un puñado de cigarrillos de tabaco negro y picante… Eso, aparte de las sonrisas y de las caídas de ojos, de los guiños con que las mujercitas pretendían atraerse la atención de aquel bohemio silvestre, de aquel esteta rústico y arrogante.
De pueblo en pueblo, de feria en feria, iba Cenobio Tánori llevando su alegría. Lo mismo pespunteaba un “pascola”, que ejecutaba las prolongadas ybulliciosas danzas de “El Venado” o “El Coyote”, ambas de primitivo origen, bárbaras y bellas como el ambiente verde azul, como la vegetación agresiva y hermosa que rodeaba la plazuela del villorio donde se celebraba el festejo: Babójori o Tórim, Corasape o El Babero…
Pero un día ya estaba escrito, la vida del vagabundo quedó prendida… fue en su mismo pueblo, en Bataconcica, donde el pensamiento,donde la voluntad del trotamundos quedó liada, como copo de algodón entre las espinas de un cardo, de las pestañas “Chinas” y tupiditas de un par de ojazos café oscuros, traviesos e inquietos, los ojos de Emilia Buitimea, aquella muchacha pequeña y suave que logró pescar para sí lo que tanto anhelaban todas las jóvenes yaquis en edad de merecer: A Cenobio Tánori, “El Pascola”, garrido yorgulloso.
Pronto se habló de los dos juntos: de la Emilia y de Cenobio. “Buena pareja”, comentaban los viejos… Más las ancianas, con los pies mejor hincados en la tierra, se aventuraban por el comentario realista: “Lástima que Cenobio ande tan flaco de la bolsa… ¿si llueve con qué la tapa?” o bien el optimista augurio: “El suegro, Benito Buitimea, es rico y sabrá ayudar al muchacho.
Pero Cenobio Tánoriseguía siendo orgulloso y “echado pa’ atrás”, a pesar de estar enamorado: él nunca consentiría en vivir a costillas del suegro… Jamás sería un arrimado en la casa de su futura.
Tales determinaciones cuesta mucho sostenerlas; dígalo si no Cenobio Tánori el danzante,  quien se olvidó de ferias y holgorios en busca de lo esencial para una boda, si no rumbosa, por lo menos digna de la condición deEmilia Buitimea.
Animoso y decidido vemos a Tánori colgar para siempre sus amados “Ténabaris” para contratarse como peón; trabajar tras de la yunta que pujaba en la tarea de abrir brechas en la tierra prodiga y profunda del “Valle del Yaqui”; cargar sobre sus lomos los sacos ahitos de garbanzo o recoger en haces las espigas trigueras… La gente en general se admiraba de ver al eterno trotamundos...
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