Libro un perro confundido

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CECILIA BEUCHAT

Un perro confundido

Edición Digital del Club el Tesoro de los Niños Buenos Aires 2005.

Edición Original: Editorial Andrés Bello, Santiago de Chile, 2001. Edición Digital Club el Tesoro de los Niños, 2005.

Amadeo, el perro de los Martínez, se estiró. Su cuerpo parecía aún más largo de lo que era. Movió las orejas de un lado a otro, se sacudió y olfateó el aire. Luegose volvió a echar en la alfombra y miró a los niños que estaban haciendo las tareas. Había llegado siendo un cachorro de semanas, una noche de Navidad, y se podría decir que ya formaba parte de la familia.

El perro observó a Ximena, que hojeaba las páginas de una enciclopedia. Lo hacía en forma brusca, igual que cuando se acercaba a él y

le agarraba las orejas para dárselas vuelta y reírsede lo divertido que se veía. Amadeo terminaba siempre por perdonarla. Ximena era muy buena y lo sacaba a pasear a la plaza cuando llegaba del colegio.

También estaba allí Martín, que miraba fijamente los números de su calculadora y hacía anotaciones. Él era el encargado de llevarlo una vez al año donde el veterinario y aunque a Amadeo esto no le entusiasmaba mucho, aceptaba sin poner mayoresproblemas. Martín lo consolaba diciéndole que las vacunas eran necesarias y que las vitaminas servían para dejarle el pelaje más brillante.

Al regresar, le regalaba siempre un hueso como premio por portarse bien.

También la mamá de los niños le compraba todas las semanas suficiente alimento y el papá lo cepillaba cada dos días.

Cuando la abuelita venía de visita, lo mimaba harto, y lehabía tejido un abrigo de lana de vivos colores. Todos lo regaloneaban a cada rato y solían decirle “perrito lindo”, “el salchicha más hermoso del mundo” y de muchas otras maneras. Amadeo apoyó la cabeza entre las dos patas delanteras y miró a los niños.

Qué más podría desear. Vivía en una hermosa casa donde lo querían y cuidaban. Entonces, se dispuso a dormir una siestecita. No había nada más quehacer por ahora. Los niños tenían mucho trabajo y no iba a haber paseo. Y Amadeo se habría quedado dormido, si no hubiese escuchado en ese momento algo que lo dejó atónito. Su corazón comenzó a palpitar con gran fuerza. Había escuchado claramente lo que Ximena le decía a Martín: –¿Sabes, Martín?, podríamos preparar “hot dogs”… – “Perros calientes –señaló Martín riéndose–. Buena idea; si vienenAndrés y Paulina podemos comer con ellos. Amadeo se levantó sobre sus cuatro patas. Su cola parecía más erguida que nunca y comenzó a moverla sin cesar. –Amadeo, ¿qué te pasa? –quiso saber Ximena. ¿Cómo que “qué pasa” Estaba claro lo que había escuchado. Iban a preparar perros calientes y no había dudas de que él corría peligro. Incluso Ximena, para disimular, lo había dicho en inglés: “hot dogs”.–Tranquilo, Amadeo… –le gritó Martín. Pero él no podía estarse quieto y su cuerpo tiritaba cual hoja de álamo. –¿Sabías que los perros calientes están relacionados con los perros salchichas? –continuó Ximena. Amadeo no quiso seguir escuchando. Había que huir rápidamente. De lo contrario, iba a terminar frito en aceite, o quizás cocido en agua hirviendo. –¿Habrá suficiente mayonesa? –preguntó Martín. Con mayonesa. No faltaba más. No bastaba comerse un perro, además se le iba a aderezar con mayonesa. –Sería rico ponerle palta, chucrut y tomate –comentó Ximena. Amadeo se sacudió violentamente. Su largo cuerpo de color café se convulsionaba cada vez más. Y es que el pobre tenía miedo, mucho miedo. Martín se levantó en ese momento y con cara amenazante se acercó. El perro, ágil como siempre,salió corriendo hacia la cocina con tan buena suerte, pues justo la mamá había dejado abierta la puerta. Entonces salió y se fue corriendo lo más veloz que pudo por las calles. Con sus patas cortas, pero ágiles, corrió con paso rápido por más de veinte minutos y cuando ya no pudo más, se dejó caer en un montón de trastos viejos que había apilados junto a un muro.

Jadeaba intensamente, el...
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