Me acuerdo

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Del me acuerdo al no me acuerdo
o
Todos somos Carlos

Jorge A. Pérez Valencia

|Las batallas en el desierto, José Emilio Pacheco, editorial Era, 2da. edición, México, 2009, 68 pp. |

“Me acuerdo, no me acuerdo: ¿qué año era aquél?”
J. E. Pacheco

Para mis compañeras(os) de la MADEMS y,
por supuesto, para Olivia Barrera.

Querido José Emilio:

Antesque otra cosa, deseo felicitarte por tus últimos logros: El Premio Reina Sofía de Poesía y el Premio Cervantes de Literatura no son poca cosa.

Por otra parte, debo confesarte dos cosas. La primera tiene que ver con que pese a haber leído buena parte de tu obra, la verdad es que si por algo te admiro es por tu novela (corta, dicen algunos) Las batallas en el desierto. Mi segunda confesiónviene en relación con la primera: He leído varias veces tu texto de Las batallas… y en cada ocasión, además de descubrir elementos distintos y disfrutarlo de maneras variadas, quisiera decirte que después de las tantas (y no exagero) veces que lo he leído, hasta ahora caigo en la cuenta que todos, de una manera o de otra, somos Carlos (espero que esto no suene demasiado a Chiapas y al sub Marcos).Sí, José Emilio: Todos somos Carlos.

Verás, bien podría contarte parte de la historia de muchos que, cuarenta años después de las fechas en que sitúas tu relato, también perdieron la inocencia, tal como la ciudad de tu niñez y el personaje principal de tus Batallas...
(Aunque, ahora que lo pienso, se me ocurre que en tu historia, el personaje principal no es sólo Carlitos, sino también laciudad. Hecho comparable quizá con el de Izca Cienfuegos y la ciudad de México, en La región más transparente, de Carlos Fuentes[1]).

Te comentaba que alguien de mi ochentera generación podría contar su propia historia, sus propias batallas, diciendo:

“Yo sí me acuerdo qué año era aquel: era 1988, la primera vez que me tocaba votar, la primera vez, también, que se caía el sistema[2],la primera vez que un candidato de izquierda tenía la verdadera oportunidad de ganar la Presidencia[3], la primera vez que los Chicago Boys[4] accedían al poder, la primera vez que este país demostraba que estaba por encima de sus gobernantes y la primera vez que la sociedad civil[5] era capaz de organizarse sin que mediara partido político alguno, la primera vez que un terremoto[6] dejaba ver laenorme cantidad de errores, impunidades y corruptelas que tapaban las pésimas construcciones de casas y edificios públicos o privados.”

A nombre de algún otro Carlos, más actual, por supuesto, podría decir.

“´Me acuerdo, no me acuerdo´[7]… fueron los años en que las vacas locas daban paso a la fiebre aviar y, poco después, a la –primeramente llamada Fiebre porcina[8]– influenzaestacional tipo A-H1N1. Cerraron las escuelas con un aviso nocturno (muy nocturno) del presidente; era jueves y todos nos enviamos msn´s (mensajes celulares) o mail´s (correos electrónicos); por supuesto que no faltaron los ´loosers´ que el viernes por la mañana sólo encontraron sendas cartulinas (mal escritas, por supuesto) en las que se daba aviso a la comunidad escolar que por instrucciones delgobierno federal y por causas de fuerza mayor, se suspendían las clase hasta nuevo aviso.

“Bien recuerdo a los soldados repartiendo tapabocas[9] (cubrebocas, decían algunos) a las afueras de las estaciones del metro y en el zócalo capitalino.

“Se trató, en realidad, de unas vacaciones que pudieron ser geniales de no ser porque algunos padres de familia se la tomaron muy en serioy no nos dejaban salir ni a la tienda de la esquina.

“En las cooperativas escolares nos vendían cualquier cantidad de chatarra, cuestión contrastante con el discurso oficial[10] que se ufanaba del hallazgo: las escuelas deben expender alimentos nutritivos para contribuir a la buena alimentación de los niños y jóvenes mexicanos[11].”

Seguro que ya habrás pensado y repensado,...
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