Mi mismo yo

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  • Publicado : 28 de agosto de 2012
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Mi mismo yo

-Ya acuéstate, tío; nada se ve por la ventana; nadie pasa por la calle pues es la medianoche; ¿alguien se atrevería a caminar por la banqueta con este frío espantoso?
-¡Ya cállate, por Dios, muchacho! ¡Nunca dejas de fastidiarme!
-Pero tío, sólo te sugiero que te acuestes ya, pues para ti fue muy incómodo el viaje que hicimos desde la granja de mi madre. Recuerda que anoche nosquedamos a dormir en la taberna de una aldea;  que en el cuarto que rentamos no había calefacción ni persianas que nos protegieran del frío, y que tú amaneciste con fiebre, con el vientre abotagado y con los pies hinchados.
-Olvídate de eso; ya estoy bien; apúrate, ven de prisa y asómate a la calle. ¿Ves a esa lindísima mujer recargada en el poste de la farola? ¡Luce tan bella, como la conocíaquella vez en el balneario!
-Pero tío, si allí sólo se ve  un gato removiendo la basura.
-¡Fíjate bien, muchacho idiota; cada vez estás más torpe, y ahora hasta cegarato te volviste! Allí donde te digo, está mi “mi ángel, mi todo, mi mismo yo”. Pero está bien, si dices que no ves nada, voy a creerte por hoy; puede ser que por la intensa fiebre que tuve en la mañana ya hasta sufra yo visiones;  ¿quéle voy a hacer? ¡Ella es que la amo tanto! Y dices bien, es mejor irnos a dormir, que el frío y  las chinches de aquella apestosa taberna anoche no nos dejaron pegar un momento las pestañas.
Y se tendieron en sus desvencijados catres.
En el centro de la ciudad el hombre había rentado un cuarto oscuro y maloliento localizado en el tercer piso de un destecatado edificio. La renta mensual lapagaba con mil dificultades considerando que eran muy exiguos sus recursos económicos; aunque, a decir verdad, eran escasos sólo los que destinaba para sufragar sus gastos ordinarios, porque, por otro lado, guardaba grandes cantidades en las instituciones financieras pensando en heredarle a su sobrino un patrimonio nada despreciable.
El nuevo día se hizo presente; el sol barría las sombras que lanoche había esparcido aquí y allá; por la calle el viento ya no corría alocadamente.
El sobrino bajó de dos en dos las gradas de las escaleras para ir por los dos huevos de gallina y por la leche que les fiaba una vecina.
-Señora, dice mi tío que también le mande tamales rellenos con salsa verde para la comida al mediodía.
-Mira, jovencito, dile a ese hombre que yo no soy una de esas monjas que sededican a darles de comer a los pordioseros. Que sólo puedo enviarle lo de siempre para que no se mueran de hambre. Y tú, aconséjale que salga a trabajar, ¿qué hace todo el santo día metido en su cuarto?
Y el muchacho le contó a su tío el diálogo que había sostenido con su proveedora de alimentos.
El hombre levantó lentamente la cabeza para clavar en los ojos del muchacho una mirada enfurecidapara luego seguir con lo que estado haciendo: en un papel rayado pintar muchas bolitas, ora negras, ora blancas; a veces muy juntitas, a veces muy separadas entre sí.
Pasaron las horas; llegó la tarde y con inusitada lentitud, de una apolillada petaquilla sacó un descolorido traje de gala. Se ponía un moño negro en el cuello cuando precipitadamente entró su sobrino por la puerta.
-Disculpa miretraso, tío. Ya había yo salido del colegio para llevarte al teatro, cuando me topé con unos pandilleros y nos agarramos a guamazos, pero no me hicieron daño; rápidamente me arreglo para irnos; aún tenemos suficiente tiempo.
Bajaron las escaleras; salieron a la calle y caminaron lentamente.
-Tío, ¿ahora sí  vas a decirme quién es tu amada inmortal, esa que tanto mencionas en tus sueños?
-No, novoy a revelarte mi secreto, y ya deja de molestarme con tus preguntas indiscretas.
En el teatro, profusamente iluminado, no había ya espacio ni para un alfiler, y aquel par de sujetos entraron por la puerta principal del proscenio.
El hombre se paró frente al atril pues iba a dirigir a la orquesta sinfónica de Viena.
El primer violín machaconamente tocaba la nota de sol mayor para que en el...
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