Mi querido ladron

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Querido ladrón
La culpa no es sólo tuya. Tu avaricia y mi cobardía se juntaron para construir esta tristeza
Me gustaría que este primer apunte de mi cuaderno llegase a tus manos, amigo ladrón, que hace dos semanas violentaste mi puerta, registraste mis cajones y abriste uno a uno todos mis armarios. Me gustaría, al menos, darte las gracias, más, incluso, que por no haberte llevado nada, por nohaber alterado el orden de uno solo de mis papeles. Supongo, muchacho - porque estoy seguro de Querido ladrón que eres poco más que un chiquillo -, que debiste maldecir a toda mi ascendencia al descubrir que en mi casa había sólo cosas que -desgraciadamente para ti, por fortuna para mí- no te interesaban en absoluto: libros, discos y algún objeto de arte muy cercano a mi alma, aunque no muyvalioso. Tú buscabas -supongo que para seguir hundiéndote en el infierno de la droga- joyas, oro, dinero. Te hubieras ahorrado el trabajo de romperme el marco de la puerta de haberme conocido. Habrías sabido que el oro y las joyas me parecen las dos cosas más estúpidas del mundo. Y que, en cuanto al dinero, tengo una demoníaca habilidad para gastarlo más de prisa de lo que lo gano. No encontraste lo queno podías hallar. Y, sin embargo... Sin embargo, me quitaste -con la complicidad de mi cobardía, claro- algo de mucho más valor que los diamantes. Te explicaré. Yo he defendido siempre que la confianza es parte sustancial de la vida de los hombres; que sería preferible no vivir a hacerlo con el alma acorazada. Si yo no me fío de los que me rodean, y circundo mi vida y mi corazón de hilo espinado,no hago daño a quienes a mí se acercan, me lo hago a mí mismo. Un corazón desconfiado envejece de prisa. Un corazón cerrado a cal y canto está más muerto que si realmente muriese. Esa es la razón por la que siempre me resistí a reforzar mis puertas (gracias a ello te resultó a ti tan fácil la función de saltarlas). Y ésa misma es la causa por la que he tenido siempre la costumbre de dejar todaslas llaves puestas en sus cajones y armarios (y gracias a ello tú no precisaste destrozármelos para abrirlos).

Los tres vecinos de mi descansillo habían blindado ya las entradas de sus casas. Los tres me habían dicho mil veces que hiciera yo lo propio, ya que cada día leían en la prensa noticias de muchachos como tú. Yo siempre me reía: «En mi casa -decía- no hay cosas que puedan interesar alos ladrones.» Pero, en mi interior, era otra la razón decisiva. Sabía, sí, que la violencia es hoy uno de los grandes ejes del mundo, más prefería no verlo demasiado, no imaginar, al menos, que pudiera venir contra mí y convertirme, consiguientemente, en un «violento defensivo», en un alma clausurada. Había aún otra razón. Si tú me conocieras sabrías que siempre he considerado a Bernanos un pococomo el padre de mi alma. Pues bien: este escritor -léelo, es mucho más apasionante que la drogarendía un verdadero culto a la confianza entre los hombres. Hasta tal punto que, cuando alguien le contó que en cierta región del Brasil las casas no tenían puertas, ni cerrojos, ni llaves, se marchó allí a vivir, seguro de que quienes así pensaban por fuerza habían de ser hombres completos. También yo mesentía vinculado a ese culto. Prefería, incluso, ser robado a construirme el alma como un castillo roquero. Pues bien: he cedido. Yo pecador me confieso a ti, ladrón amigo, para contarte que tu avaricia y mi cobardía juntas fueron más poderosas que todos mis propósitos. Cuando aquella tarde encontré mi puerta abierta de par en par, gracias al juego de tus manos, algo se revolvió en el fondo demí. No contra ti (o, al menos, no sólo contra ti), sino contra este mundo que estamos construyendo. Por eso me gustaría saber quién eres, cómo eres. Conocer si eres consciente -como yo lo soy- de lo inhabitable que, entre todos, estamos volviendo este planeta. No quiero ni pensar que la droga haya terminado ya de pulverizar tu conciencia. Aquella noche dormí mal. Me despertaban inexistentes...
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