Muerte De Francisco Morazan

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ASESINATO DE FRANCISCO MORAZAN (HISTORIA DETRÁS DE SU MUERTE)
Llovía. Era una lluvia gruesa, fría, sin viento, y caía contra el suelo como un diluvio. El cielo estaba oscuro, los rayos del sol lanzaban sus últimos reflejos sobre la multitud que gritaba enardecida en la plaza, afuera del cuartel donde habían llevado a los prisioneros que acababan de ser condenados a muerte.
El general Saraviahabía envejecido de repente. Caminaba con dificultad, arrastrando los pasos, apoyado en uno de sus carceleros. Lloraba y sus lágrimas se mezclaban a la lluvia fría que le azotaba el rostro. Valiente como era, aquella muerte era más una vergüenza que un ajusticiamiento y él hubiera preferido mil veces caer en el campo de batalla, al lado de sus hombres, aquellos guerreros que regaron con su sangre latierra de Costa Rica a la que Morazán quiso darle la libertad.
Su tristeza era profunda y trató de sonreír cuando la mirada serena del general se posó en sus ojos.
-Amigo mío-, le dijo el general, con ese acento suave y cautivador que no lo abandonaba ni en los momentos más difíciles, mientras le ayudaba a sostenerse en pie-. El amor y la muerte son tan necios como una mosca; tanto y tantoinsisten, que la mosca termina infectándonos, el amor rindiéndonos y la muerte acabándonos. Creo que es la maldición o, más bien, la venganza, de algún dios morboso y desquiciado, y contra eso nada podemos hacer. General, morir hoy o mañana es lo mismo…
Villaseñor levantó hacia él los ojos tristes, velados por el llanto, y trató de sostener su sonrisa. Los ojos intensamente azules del general estabanserenos, reflexivos, sin una pizca del miedo que a él le consumía el alma. Ahora, aquel hombre audaz y genial le parecía más alto, como uno de aquellos gigantes míticos que admiró desde niño, y su respeto y devoción por él se magnificaron de pronto. Iba a la muerte con la gallardía de un titán, y era la muerte la que debía temer de él.
Tenía el uniforme hecho jirones, manchado de sangre, pólvoray lodo, el pelo arreglado lo mejor posible y la herida de la mejilla sellada por una costra de sangre seca; los soldados del pelotón de fusilamiento eran casi unos niños y lo veían asustados, en silencio, con los largos fusiles temblando en sus manos inexpertas. El general se mostraba majestuoso, valiente, digno ante la muerte y digno ante la historia, lo habían vencido a traición y, aun rendido,sus verdugos le temían.
Morazán sonrió ante sus propias palabras y el eco de su voz estremeció los tímpanos de aquel soldado fiero y leal que era Villaseñor; este lo escuchó como en un sueño y tal vez pasaron por su mente mil preguntas. ¿A qué venían aquellas palabras en ese momento funesto? Ya nada tenía que ver el amor allí, la muerte era algo tan próximo y las moscas… Sí, después vendrían lasmoscas, pero ya nada importaba. Aunque, viéndolo bien, el amor también tenía mucho que ver en aquel momento, o al menos la lujuria, esa pasión desenfrenada que llevó al General a seducir a la esposa de Pedro Mayorga, uno de sus más indecisos partidarios de Costa Rica, provocando su furia y su traición.
El combate en la fortaleza de Guanacaste fue el principio de la tragedia; aquel hombredespechado se llevó en su corazón el odio y la vergüenza y terminó desertando de la causa de la unión, traicionando al general y vengando la afrenta… Sí, aunque parecía paradójico, también el amor tenía que ver en aquel momento funesto; él lo había presentido, desde que la señora de Mayorga sucumbiera ante los ojos azules y la voz de miel del general, y se rindiera a sus pasiones. Era hora decomprenderlo todo, aunque de nada servía ya, y debió recordar la hermosa desnudez de la dama, tendida sin fuerzas en el catre de campaña del general, en su tienda de Guanacaste, el rostro de don Pedro, convertido en una máscara enigmática, y el penetrante olor a Judas con que se infectaba el aire en su presencia…
Suspiró dolorosamente y bien pudo recordar lo que leyera una vez en alguna parte: que los...
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