Novela tia fijida

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Novela de la tía fingida

Pasando por una calle de Salamanca dos estudiantes mancebos, más amigos del baldeo o rodancho que de Bártulo o Baldo, alsaron acaso los ojos a una ventana y vieron en ella una celocía puesta, que otras veses no habían visto; y pareciéndoles cosa nueva, repararon, considerando qué novedad era aquélla, porque ellos sabían que en aquella casa no vivía gente que requirieseponer celocías en las ventanas. Quiciéronse informar de un vezino oficial que pared en medio estaba, el cual les dijo:
-Señores, habrá ocho días que vive en esta casa una señora forastera, medio beata y de mucha autoridad. Tiene consigo una doncella de estremado parecer y donaire, que dicen que es su sobrina. Sale con escudero y con dos amas, y, a lo que parece, es gente honrada y de granrecogimiento: hasta ahora no he visto entrar a nadie a visitallas, ni sé si son desta ciudad o si han venido de fuera; sólo sé que la mosa es hermosa y honesta, y que el trato y el fausto de la tía no es de gente pobre.
La relación que dio el oficial a los estudiantes les puso codicia y gana de saber aquella aventura, porque, con ser pláticos en la ciudad, no imaginaban que tal tía y sobrina hubiese entoda ella; a lo menos para que viniese a morar y vivir en aquella casa, que llevaba de suelo habitar siempre en ella mujeres que comúnmente el vulgo suele llamar cortezanas o enamoradas.
Eran cuasi las doce y la casa estaba cerrada por de fuera, por do coligieron o que no comían en casa o que presto vendrían; y no les salió vano su pensamiento, porque de allí a poco rato vieron venir a unareverenda matrona con unas tocas blancas como la nieve, que casi llegaban al suelo, plegadas sobre la frente, y un gran rosario de cuentas sonadoras echado al cuello, que a la sintura le llegaba; manto de seda y lana, guantes blancos sin vuelta, y un báculo o junco de Indias a la mano derecha, y a la isquierda un escudero de los del conde Fernán González.
Delante venía su sobrina: mosa, al parecer, dedies y siete a dies y ocho años, de rostro mesurado, más aguileño que redondo; ojos negros y rasgados, cejas tiradas y bien compuestas, pestañas negras, y encarnada la color del rostro; los cabellos castaños y crespos por artificio, según se descubrían por ambas sienes, aunque traía la toca baja; saya parda de paño fino, ropa justa de bayeta frisada; el chapín de terciopelo negro, con susvarillas al uso de bruñida plata; guantes olorosos, y no de polvillo sino de ámbar. El ademán era grave, el mirar honesto, el paso airoso. Mirada en partes, parecía muy bien, y en el todo, mucho mejor; y aunque la condición de los dos manchegos era como la de los cuervos nuevos, que a cualquiera carne se abaten, vista la de la nueva garsa, se abatieron a ella con todos sus cinco sentidos, quedandosuspensos de ver tal donaire y apostura; que esta prerrogativa tiene la hermosura y buena gracia, que aunque cubierta de sayal, por medio de la toca helada se descubre su excelencia y valor, y se hace mirar y admirar aun de los corazones rústicos. Venían detrás dos dueñas de las que llaman de honor y de las que enfadan el mundo y atosigan las almas de aquellos que con ellas tratan: gente que viven comode nones o demás ya en la tierra.
Pues con todo este estruendo y aplauso llegó esta buena señora a su casa, y abriendo el escudero la puerta, se entraron en ella; bien es verdad que al entrar los estudiantes derribaron los bonetes con gentil modo de criansa, plegando sus rodillas y inclinando sus ojos, como si fueran los más benditos y corteses hombres del mundo. Enserrarónse las señoras;quedáronse ellos en la calle, pensativos y medio enamorados, y dando y tomando brevemente entrambos a dos en lo que hacer debían, creyendo sin duda que, pues aquella gente era forastera, que no habían venido allí para aprender leyes, sino para falsearlas. Acordaron de dallas aquella misma noche una música; que éste es el primer servicio que a sus damas hacen los estudiantes pobres.
Fuéronse luego a...
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