Papaito piernas largas

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  • Publicado : 29 de agosto de 2012
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Si te ha gustado esta lectura, recuerda que un libro es siempre el mejor de los
regalos. Recomiéndalo para su compra y recuérdalo cuando tengas que adquirir
un obsequio.
y la siguiente…
PETICIÓN
Libros digitales a preciosrazonables.A Montserrat Sendil,
compañera esencial y mágica
de tantas historias
y aventuras literarias«Nada es real,
no hay nada por lo que preocuparse.
Campos de fresas para siempre.»
Strawberry fields forever
John Lennon1
(Blancas: e4)
Abrió los ojos cuando el primer zumbido del teléfono aún no había muerto y lo
primero que encontró fueron los dígitos verdes de su radio-reloj en la oscuridadde la noche.
Por ello supo que la llamada no podía ser buena.
Ninguna llamada telefónica lo es en la madrugada.
Alargó el brazo en el preciso momento en que sobrevenía el silencio entre el
primer y el segundo zumbido, y tropezó con el vaso de agua depositado en la
mesita de noche. Lo derribó. A su lado, su mujer también se agitó por el brusco
despertar. Fue ella la que encendió la luzde su propia mesita.
La mano del hombre se aferró al auricular del teléfono. Lo descolgó
mientras se incorporaba un poco para hablar, y se lo llevó al oído. Su pregunta
fue rápida, alarmada.
—¿Sí?
Escuchó una voz neutra, opaca. Una voz desconocida.
—¿El señor Salas?
—Soy yo.
—Verá, señor —la voz, de mujer, se tomó una especie de respiro. O más
bien fue como si se dispusiera a tomarcarrerilla—. Le llamo desde el Clínico.
Me temo que ha sucedido algo delicado y necesitamos...
—¿Es mi hija? —preguntó automáticamente él.
Sintió cómo su mujer se aferraba a su brazo.
—Sí, señor Salas —continuó la voz, abierta y directamente—. Nos la han
traído en bastante mal estado y... bueno, aún es pronto para decir nada,
¿entiende? Sería necesario que se pasara por aquí cuanto antes.—Pero... ¿está bien? —la tensión le hizo atropellarse, la presión de la mano
de su esposa le hizo daño, su cabeza entró en una espiral de miedos y
angustias—. Quiero decir...
—Su hija ha tomado algún tipo de sustancia peligrosa, señor Salas. La han
traído sus amigos y estamos haciendo todo lo posible por ella. Es cuanto puedo
decirle. Confío en que cuando lleguen aquí tengamos mejoresnoticias que
darle.
—Vamos inmediatamente.
—Hospital Clínico. Entren por urgencias.
—Gracias... sí, claro, gracias...Jordi Sierra i Fabra Campos de fresas
8
Se quedó con el teléfono en la mano, sin darse cuenta de que su mujer ya
estaba en pie. Después la miró.
—¿Un accidente de coche? —apenas si consiguió articular palabra ella.
—No, dicen que se ha... tomado algo —exhaló él.
La confusión seempezaba a reflejar en sus rostros.
—¿Qué? —fue lo único que logró decir su esposa entre las brumas de su
nueva realidad.
2
(Negras: c6)
Cinta, Santi y Máximo no se movían desde hacía ya unos minutos. Era como si
no se atrevieran. Sólo de vez en cuando los ojos de alguno de ellos se dirigían
hacia la puerta, por la que había desaparecido el último de los médicos, o
buscaban el...
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