Presidencia de luis echeverria

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Echeverría proyectaba una imagen de inaudita fuerza. Parecía un tlatoani poderoso que disfrutaba inmensamente de su poder. Sin perder un ápice de la gravedad de su investidura, ídolo de bronce, reía a carcajadas y palmeaba en la espalda a sus invitados. A todos los conocía por su nombre, apellido y trayectoria. Ésa había sido una de sus funciones en la Secretaría de Gobernación, donde habíaempeñado los últimos doce años de su vida a las órdenes de Díaz Ordaz. En cambio, ellos, sus invitados, no lo conocían de verdad. Nadie lo conocía. Ésa había sido también una de sus funciones.
Para lograr sus fines, no vaciló en replantear por entero el esquema económico de México y repudiar el «desarrollo estabilizador»: «alentar las tendencias conservadoras que han surgido de un largo periodo deestabilidad, equivaldría a negar la herencia del pasado». Al ver destruida la obra económica de su generación y la suya propia, construida pacientemente por doce años, Ortiz Mena recordaba las inútiles clases de economía que había impartido a Echeverría en tiempos de Díaz Ordaz. «No le entraba»; no por casualidad había suspendido la asignatura de derecho mercantil
Con todo, el programa de Echeverríano era un anacronismo ni el objetivo de su política social era erróneo. El abandono del campo y la mala distribución del ingreso constituían la otra cara, lamentable, del «milagro mexicano». Había que corregirlos, y el camino de moda era la aplicación de los métodos recomendados por la CEPAL (Comisión Económica para la América Latina)
Con los maestros universitarios pertenecientes a su propiageneración, la operación integradora resultó sencilla. Muchos de ellos -Horacio Flores de la Peña, Porfirio Muñoz Ledo, Víctor Flores Olea, Enrique González Pedrero, entre varios otros- se incorporarían al gabinete de Echeverría u ocuparían puestos importantes en empresas u organismos del sector público
Con los jóvenes de la generación del 68 la maniobra era más difícil y, en numerosos casos,imposible. Muchos habían optado por la guerrilla urbana y operaban secuestrando y asesinando empresarios y políticos en Monterrey, Guadalajara y el Distrito Federal.
A aquellos que preferían la vía pacífica, el gobierno les haría una oferta múltiple (puestos, privilegios, empleos, retórica revolucionaria, cardenista, tercermundista, socialista), un «pan» difícil de resistir. El primer acto sustantivo,en los primeros meses de 1971, fue la amnistía a los líderes del 68 -estudiantes y maestros- y a los demás presos políticos (incluyendo a Campa y Vallejo). Luego, a lo largo de todo el sexenio, el gobierno aumentaría de manera constante los subsidios a las universidades e institutos técnicos de la capital y la provincia, a los que se incorporarían a trabajar muchos jóvenes del 68. En el casoespecial de la UNAM -según cálculos de Gabriel Zaid-, el presupuesto crecería el 1.688 por ciento entre 1968 y 1978. Si no aceptaban un empleo académico, los jóvenes podían acogerse al árbol cada vez más frondoso del sector público, cuya tasa de empleo crecería de 600.000 personas en 1970 a 2.2 millones en 1976 (el 28 por ciento anual, veinte veces mayor al del resto del país
En círculosintelectuales, su nombramiento no causó indignación.
Después de todo, Echeverría no era Díaz Ordaz. Representaba la ideología progresista que los intelectuales comprometidos habían formulado para México a raíz del triunfo de Castro: un Estado cada vez más fuerte, una iniciativa privada cada vez más acotada, el fin de los líderes charros, las inversiones para el campo, el sano alejamiento frente a los EstadosUnidos.
A sus cincuenta y seis años de edad, Paz había regresado a México después de una larga ausencia de más de una década. Tras renunciar a la embajada en la India, había pasado un largo periodo de reflexión en la Universidad de Austin, donde escribió un verdadero manifiesto de radicalidad democrática: Posdata. «Cualquier enmienda o transformación que se intente», escribió, «exige, ante...
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