Que hicieron los cinchoneros en honduras

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  • Publicado : 30 de mayo de 2011
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Era una mañana cálida de febrero de 1982, la ciudad se despertaba temprano y el típico bullicio de un día de trabajo normal empezaba a llenar el espacio; el sol brillaba como una medalla de fuego sobre un cielo huérfano de nubes y San Pedro Sula parecía resucitar.

Por una avenida casi vacía avanzaba una camioneta sin prisa aparente; el chofer iba en silencio, el viejo señor Arak iba a su lado,mirando a través del vidrio delantero sin que nada lo inquietara, respondiendo de vez en cuando a las preguntas de su hijo Akob que iba sentado justo detrás de él.

Era un día como todos los demás. La salida de la casa, los negocios, el almuerzo, los amigos y la casa; nada cambiaba en su rutina de todos los días.

Sin embargo, aquel día sería diferente, y el chofer lo presintió cuando vio queel pick up Chevrolet que tenía varios minutos de seguirlos, se adelantó haciendo chirriar las ruedas, pasó a su lado casi tocando su puerta y se cruzó delante de él haciendo que se detuviera.

Del pick up bajaron tres hombres, con fusiles Ak-47 en las manos, y empezaron a disparar. El chofer respondió al fuego, don Arak disparó su pistola y, por largos segundos, los asaltantes se mantuvieron araya.

Un minuto después empezaron a retroceder, subieron al Chevrolet y escaparon haciendo los últimos disparos. El chofer tenía un rasguño en la cabeza y sangraba, don Arak estaba ileso y se veía la desesperación y la cólera en sus ojos, pero su hijo estaba muerto, tirado sobre un charco de sangre en el asiento de atrás.

Los delincuentes querían secuestrarlo; al encontrar resistenciaoptaron por matarlo. La operación resultó un fracaso pero dejó un dolor incurable en el corazón del hombre noble y bueno que le había dado la vida.

Agosto

Poco después del mediodía el sol seguía calentando la tierra y haciendo hervir el aire; la canícula, o veranillo, como lo llaman los campesinos, era sofocante y por momentos hacía la atmósfera irrespirable.

Sin embargo, la vida seguía en laciudad y el calor no era nada nuevo. A eso de la una de la tarde, una monja hizo sonar la campana del "María Auxiliadora", las alumnas se levantaron de sus asientos y empezaron a salir en fila.

Terminaba un día más. Afuera, pegado a la acera, esperaba un Buick oscuro, con una de las puertas de atrás abierta; Tití, la bella hija quinceañera de don Arak, entró al carro y el chofer cerró la puerta.No tardaron en salir del embotellamiento que se formaba a aquella hora cerca del colegio y pronto llegaron al estadio Francisco Morazán.

El chofer iba a acelerar cuando un pick up Chevrolet se cruzó frente a él y, en menos de dos segundos, varios fusiles Ak-47 le apuntaron a la cabeza.

Dos hombres abrieron la puerta trasera del Buick y cuatro manos sacaron del carro a Tití. El chofer viocuando la subieron a la paila del Chevrolet y no supo cuando se perdieron de vista.

Todo duró menos de cinco segundos. No se disparó ni un solo tiro. Acababan de secuestrar a Tití Arak.

El Din

El sub teniente Palma Rivera recibió la noticia de pie. El señor Arak estaba desesperado. Su hijo había muerto hacía ocho meses, asesinado por los secuestradores, y ahora le quitaban a su hija, laniña de sus ojos.

Era algo que no podría soportar. La Policía tenía que hacer algo. Palma Rivera era todo entusiasmo. Pequeño de estatura pero gigante en voluntad, organizó un equipo de detectives del Departamento de Investigación Nacional (DIN) y empezó a rastrear la ciudad.

Tenía veintitrés años, una hija, una mujer a la que adoraba y un millón de sueños en la cabeza. Recién salido de laAcademia, creía que la vida del policía era color de rosa pero cuando se enfrentó con la realidad, se entusiasmó más y supo que aquel era su destino.

Decía que la delincuencia era un mal creado y sostenido por la misma sociedad y sus liderazgos viciados y viciosos, pero igual había que combatirla y para eso vestía el uniforme; ahora tenía en sus manos un caso difícil y no quería fracasar....
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