Todos tenemos hambre

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  • Publicado : 18 de mayo de 2010
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Todos tenemos hambre..."
En África se acostumbra decir que existen dos tipos de hambre: el hambre menor y el mayor. El primero es un hambre relativo a los bienes básicos que sustentan la vida y al dinero para pagarlos. El segundo se refiere a la comprensión del significado de la vida. Normalmente intentamos satisfacer el hambre mayor, calmando al menor. La consecuencia de esto y el dinero son,en última instancia, la medida de todas las cosas. Con palabras y con hechos sostenemos que cuanto más competitivos son los productos, más baratos son y por ende, más ricos seremos. Luego, cuanto más ricos seamos, más felices deberíamos ser... El dinero no sólo satisface las necesidades materiales, sino también y muy frecuentemente, es la unidad de medida de la satisfacción. Que vivimos mejor quenuestros antepasados; que posibilita creatividad; que proporciona cierta capacidad de elección y libertad; que soluciona problemas prácticos, son hechos ciertos y a la vez discutibles. Sólo que el dinero se volvió el denominador (o dominador) común en las aspiraciones de las personas y el objetivo declarado de todos los gobiernos, independientemente de su convicción política. Entrelíneas leemos quesi un servicio o un artículo no tienen precio, no cuentan, no interesan. Al respecto no podemos ser ingenuos: el mercado tiene sus límites y sus respectivas consecuencias inesperadas. Entonces es apenas un mecanismo y no una filosofía de vida. Así sus supuestas bondades anexas, como la competencia, la eficiencia y el crecimiento, evolución/progreso, entre otras.
La competencia resulta la base delas comparaciones y aunque no necesita reflejarse en dinero, hoy es particularmente difícil separarlos. Por otro lado, los resultados de la competencia no llevan necesariamente a la satisfacción. Las estadísticas son precisas respecto a la creciente reducción en la calidad de vida de las sociedades desarrolladas: el 45% de los trabajadores se sienten exhaustos al fin del día, los padres dedicanun 40% menos de tiempo a sus hijos que hace 40 años y apenas el 20% de los jóvenes piensa tener fuertes posibilidades de vivir confortablemente algún día. Otro de los incuestionables nuevos valores es el de la eficiencia. Sin embargo, tanta pasión por la eficiencia está provocando por sí misma distorsiones. El email y el voicemail, por ejemplo, son tan eficientes que muchas empresas estánretirándolos del acceso de sus empleados, quienes pasan tanto tiempo oyendo, leyendo y respondiendo mensajes que, sencillamente, dejaron de pensar. Eficiente, sí. Eficaz, lo dudo. Podemos discar teclas del teléfono para comprar entradas al cine, chequear estados de cuenta, etc. Profundizando quizás averigüemos que perdemos mucho tiempo y dinero en las llamadas. Eficiente, sí... para la compañía telefónica.Ineficaz, para nosotros.
La pregunta será para muchos disonante: ¿Más dinero para gastar en qué? Una tasa de crecimiento del 3% promedio durante 100 años significaría que estaríamos consumiendo 17 veces más que hoy. Vale la pena meditar sobre la posibilidad de comprar 17 veces más autos o electrodomésticos, viajar 17 veces más o con mayor frecuencia, ingerir 17 veces más comida o consumir máspetróleo. Y aunque el planeta soporte este capricho, ¿qué haremos con los bienes y servicios? ¿Cuál es el beneficio de incrementar el precio de un bien cuya utilidad es discutible, y para qué exigir más eficiencia en su producción, si un tercio de los trabajadores mundiales están desempleados o subempleados? ¿Realmente buscamos crecer sin medida? ¿Es eso evolución?
Nos criamos en lo que CharlesHandy (conocido filósofo europeo contemporáneo) llama una sociedad "Chindogu". Chindogu es una palabra japonesa que describe todas las cosas inútiles que somos tentados a comprar-consumir, como los productos para limpiar anteojos o parabrisas. Los lavarropas traen doce programas de lavado para los distintos tipos de tejido; la mayoría de los mismos no se utiliza. Todos compramos más cosas de las...
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