Tragedias jaoponesas y otras radios

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  • Publicado : 13 de diciembre de 2010
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TRAGEDIAS JAPONESAS Y OTRAS RADIOS

Sergio Romano

Debo haber estado haciendo algo importante como quitarme un moco de la nariz o mover una corcholata a garnuchazos, cuando mi padre irrumpió en la sala donde jugaba, y quizás por ser lo más parecido a un ser humano me dijo: “Hijito, acaban de decir en la radio que los japoneses bombardearon Pearl Harbor; ¡qué tragedia que tragedia!.
Supongoque por lo trémulo de la voz de mi padre estuve de acuerdo y repetí "¡qué tragedia, que tragedia!", aunque no sabía qué era tragedia y menos qué eran japoneses o Pearl Harbor.
Creo que el viejo se decepcionó del poco entusiasmo de mis cuatro años y fue busca de mi madre; "¡Guagüita: acaban de decir en el radio que los nipones atacaron Pearl Harbor!”. Nunca supe porque mi papá le decía Guagüita ami mamá, y menos porque ella le decía “Pollito” a un hombrón calvo de casi 100 kilos.
Pero esa tarde aprendí que en la radio pasaban cosas importantes.
Ahí nació mi afición.
Poco a poco aquella cajita que hacía ruido me fue ganando. Con el tiempo rebasé la etapa de duda metafísica de cómo gente pequeñita vivía ahí adentro, y descubrí no había nadie encerrado, sino que era una tecnología quepermitía hablar a distancia y tocar música.
Fue así como mi infancia entró al mundo mágico de la radio, específicamente XEW a través de Cri-Cri.
Mi solitarias tardes-noches infantiles haciendo la tarea se fueron llenando de Agustín Lara, de Jorge Negrete, de Gonzalo Curiel, de Emilio Tuero, de Juan Arvizu, de Toña la Negra, y lentamente descubrí las radionovelas. En especial me fascinabaaquella de “Los Caballeros de Calatrava”, lleno de ruido de sables y de aventuras absurdas, y hasta sospecho que mi afición por lo esotérico y mi regusto por los Caballeros Templarios nace ahí.
Y por supuesto mi cursilería innata creció con “Anita de Montemar”.
No debo olvidar los horrendos momentos de susto que me proporcionó otro personaje: el Monje Loco, en la voz de Salvador Carrasco, que meempeñaba en escuchar a pesar de que par de veces estuvo punto de ocurrirme un accidente escatológico del 1 del puro miedo, porque siempre he sido un cobarde en lo que se refiere a fantasmas, incluida la actual Mano Peluda de Radio Fórmula que a veces oigo a escondidas de mí mismo.
Y por supuesto estaba el Panzón Panseco, humor ácido lindando en el surrealismo, cuajado de personajes absurdos comoÁgata y Camila, como Félix Amargo, todos ellos con un humorismo hablado que recién ahora rescata en televisión Eugenio Derbez y cuyas raíces más tarde descubriría en el marxismo... el de los hermanos Marx.
Debo confesar con pena que también descubrí la música de concierto, en la ya extinta XELA, donde Bach y Mozart fueron mi contrapunto infantil con Eva Garza y el gordo simplón de Pedro Vargas.Y también estaba la inteligencia: recuerdo los Catedráticos Forhan´s, donde el bachiller Álvaro Gálvez y Fuentes pastoreaba intelectuales cuyo nombre no recuerdo, que contestaban preguntas absurdas de cosas que nadie parecía saber excepto ellos. Mi padre, José Romano Muñoz, fue de invitado un par de veces y hasta contestó algo.
Para colmo, cuando estaba en la secundaria, surgieron los NiñosCatedráticos, a dónde fueron a concursar dos compañeros míos: Alejandro Palma Argüelles y Samuel Martínez Arias. Nada, ni Hugo Sánchez, ni los estetas de La Academia, ni La Madrastra, se equiparan a la admiración que teníamos por aquellos jóvenes capaces de decir sin pestañear cuál era la capital de Finlandia o a cuanto equivalía un quintal o cómo sacar una raíz cuadrada, cosa que para mi aun escábala. La cercanía con esos genios radiofónicos no ayudaba en nada mi autoestima, a pesar de que en base ball me defendía.
Mi primer instante de éxtasis llegó en 1948: en pleno apogeo del alemanismo se inauguró en el Estadio Nacional, frente a mi casa, la Exposición Objetiva Presidencial, cuajada de propaganda gobiernista, y en la cual, como atractivo especial, se transmitían programas de radio,...
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