Tunguska

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El día que estalló el cielo

Hace poco más de un siglo, el cielo se fundió con el infierno en un rincón perdido de la Siberia Oriental: a las 7.15 de la mañana del 30 de junio de 1908, una enceguecedora bola de fuego atravesó el firmamento como un rayo. Y estalló en el aire, a miles de metros por encima del valle del río Tunguska. La explosión fue tan tremenda, que arrasó más de dos milkilómetros cuadrados de bosque. Y se escuchó como un trueno brutal a cientos de kilómetros de distancia.

Inmediatamente, se desataron terribles incendios que aniquilaron a todos los animales de la zona. Afortunadamente, los testigos humanos más cercanos fueron pastores nómades que acampaban a decenas de kilómetros. Sin dudas, el caso Tunguska fue el fenómeno cósmico localmente más destructivo de losúltimos milenios. Y si no se convirtió en una tragedia mayúscula en la historia de la humanidad, fue simplemente porque afectó a una región despoblada del planeta.

¿Qué fue lo que pasó? ¿Que fue aquella “bola de fuego”?. Hoy en día, y tras cincuenta expediciones científicas al lugar, las cosas están un poco más claras. Incluso, hasta es posible que se haya identificado al cráter asociado alcataclismo. Aún así, el misterio no ha sido resuelto. Y nos recuerda que la amenaza del cielo sigue latente.

El cielo está en llamas
“De pronto, el cielo se partió en dos, y por encima del bosque todo pareció cubrirse de fuego. Sentí un gran calor,
como si mi camisa se incendiara. Luego hubo una gran explosión, la tierra tembló, y fui lanzado por el aire unos 5 o 6 metros”
(Sergei Semenov,pastor siberiano).

Muy lejos de los bosques de Siberia Oriental, los horrorizados pasajeros del tren trans-siberiano vieron pasar por sobre sus cabezas al bólido ardiente, que marchando imparable, iba desgarrando el despejado cielo matinal, arrastrando una espesa estela chispeante que se perdía a la distancia. Algunos lo describieron como “más brillante que el Sol”. El maquinista del tren,asustado por un ruido ensordecedor, clavó los frenos de la locomotora. Y todos, temblorosos, vieron como, después de sucesivos truenos, el objeto explotaba a gran altura sobre el horizonte del Norte. La explosión hizo temblar tierra, y dejó una inmensa nube de cenizas negras que, durante semanas, llovieron sobre todo el valle del pedregoso río Tunguska. Los afortunados pasajeros del trans-siberianofueron muy afortunados, porque estaban lejos del verdadero desastre: 2.150 kilómetros de bosque arrasados y quemados de un plumazo. Diez veces la superficie de la ciudad de Buenos Aires. Ochenta millones de árboles derribados. Y miles de caballos, renos y aves carbonizados instantáneamente, en medio de una tormenta de fuego y humo. Y aquí vale la pena detenerse un instante: considerando la rotaciónterrestre, si el objeto que explotó sobre Tunguska –sea lo que haya sido- hubiese llegado apenas 5 horas después, habría destruido a la ciudad de San Petersburgo, capital del Imperio Ruso de aquel entonces. Cientos de miles de personas hubieran muerto.

Ecos a la distancia
Sólo hubo una víctima humana: un pastor anciano que acampaba a unos 30 kilómetros de la zona del estallido, y que muriótras ser lanzado por el aire. Un poco más lejos, las chozas de las tribus Evenki, típicos moradores de la región, también volaron junto a sus ocupantes. En Vanavara, el pueblo más cercano al epicentro del fenómeno, a unos 70 kilómetros, la onda de choque tiró a la gente al suelo. Mucho más lejos, a unos 250 kilómetros, estallaron los vidrios de varias casas. Y a 500 y 600 kilómetros, hubo quienesescucharon el feroz trueno que llegaba desde Tunguska. La explosión hizo temblar a toda Rusia: a unos 4.000 kilómetros, en San Petesburgo, una estación científica registró ondas sísmicas.
Los materiales lanzados por la brutal explosión, y desparramados por los vientos, crearon unas extrañas nubes brillantes que, durante varias noches, alteraron los cielos de toda Europa. Y llegaron hasta...
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