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rtreyttAl día siguiente, las puertas del Palacio de Buckingham aparecen llenas de flores como tributo a la joven princesa.

Pero Buckingham Palace está vacio. La familia real, aposentada en el Castillo de Balmoral, permanece estoica en su respuesta a la tragedia. El suyo es un mundo de tradición, dónde el protocolo es lo más importante y las muestras públicas de emociones no están bien vistas.La familia llorará en privado, junto a los dos jóvenes hijos de la princesa, William y Harry, protegidos de la voraz curiosidad de la prensa en su residencia escocesa. Es apropiado, razona la Reina, que el asunto sea un tema privado. Diana ya no era parte de la familia real y este no es un asunto de estado. Incluso la familia de Diana ha pedido un funeral privado. El príncipe Carlos estáprofundamente afectado y viaja a París para traer a casa el cuerpo de su antigua esposa.

La Reina y su familia pueden haberse retirado tras los muros de Balmoral, pero para Tony Blair el evento marcará su consagración como figura política internacional. Solo tres meses después de llegar al cargo tras una amplia victoria laborista en las elecciones de Mayo, el joven primer ministro siente como algo estácambiando entre la opinión pública británica. La famosa reserva británica y su carácter flemático parece estarse derritiendo. En su lugar hay un desbordamiento de emociones por la pérdida de la princesa, de una magnitud nunca antes vista en Gran Bretaña. Es como si toda la nación hubiera perdido una hermana, una madre o una hija. Ella era, como Blair la llamó en la conferencia de prensa televisadaque se hizo el día que se anunció su muerte, la princesa del pueblo.

Estas palabras tuvieron mucho efecto en los residentes de Balmoral. Cuando Blair sugirió que un funeral público sería apropiado, la Reina se enfadó al comentar éste que de esa forma el pueblo podría compartir el duelo. La sola idea le hace rechazarla. Le recuerda al primer ministro que se trata de un funeral familiar y nouna atracción de feriaAl día siguiente, las puertas del Palacio de Buckingham aparecen llenas de flores como tributo a la joven princesa.

Pero Buckingham Palace está vacio. La familia real, aposentada en el Castillo de Balmoral, permanece estoica en su respuesta a la tragedia. El suyo es un mundo de tradición, dónde el protocolo es lo más importante y las muestras públicas de emociones no estánbien vistas. La familia llorará en privado, junto a los dos jóvenes hijos de la princesa, William y Harry, protegidos de la voraz curiosidad de la prensa en su residencia escocesa. Es apropiado, razona la Reina, que el asunto sea un tema privado. Diana ya no era parte de la familia real y este no es un asunto de estado. Incluso la familia de Diana ha pedido un funeral privado. El príncipe Carlosestá profundamente afectado y viaja a París para traer a casa el cuerpo de su antigua esposa.

La Reina y su familia pueden haberse retirado tras los muros de Balmoral, pero para Tony Blair el evento marcará su consagración como figura política internacional. Solo tres meses después de llegar al cargo tras una amplia victoria laborista en las elecciones de Mayo, el joven primer ministro sientecomo algo está cambiando entre la opinión pública británica. La famosa reserva británica y su carácter flemático parece estarse derritiendo. En su lugar hay un desbordamiento de emociones por la pérdida de la princesa, de una magnitud nunca antes vista en Gran Bretaña. Es como si toda la nación hubiera perdido una hermana, una madre o una hija. Ella era, como Blair la llamó en la conferencia deprensa televisada que se hizo el día que se anunció su muerte, la princesa del pueblo.

Estas palabras tuvieron mucho efecto en los residentes de Balmoral. Cuando Blair sugirió que un funeral público sería apropiado, la Reina se enfadó al comentar éste que de esa forma el pueblo podría compartir el duelo. La sola idea le hace rechazarla. Le recuerda al primer ministro que se trata de un funeral...
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