Almas en pena

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  • Publicado : 16 de diciembre de 2009
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Las tradiciones de nuestra gente son algo que en términos generales se siguen conservando en esencia, tales como la religión, la devoción, y las actividades propias para celebrar y rendir culto a nuestras deidades. Sin embargo, a veces hay tradiciones que, a ojos de otras culturas, parecen extremas o flagelantes.

Lo que les voy a relatar pasó el mes de enero del año 2000. Como todosen la región sabemos, y para los que nos leen en otras latitudes, la región centro de México tiene la tradición de rendir tributo a la Virgen de San Juan de los Lagos, Jal. los días del mes de enero, principalmente, esto por los favores recibidos a lo largo del año, o bien, porque prometimos alguna manda y el pago es ir caminando hasta su Santuario.

Para estos días, sobre lascarreteras nos podemos encontrar grandes multitudes caminando hacia San Juan, desde hombres, mujeres, niños, ancianos; que se trasladas desde comunidades y estados vecinos a Jalisco, hasta de regiones más lejanas, como el norte y sur del país.

Bueno, en esos días, algunos amigos y yo decidimos ir caminando a San Juan, esto porque, independientemente del fervor a la Virgencita, tambiénqueríamos aventurarnos e irnos caminando también. Nos juntamos seis chavos, de entre 18 y 20 años, y nos organizamos para partir el día 21, desde nuestra comunidad, al sur del estado de Zacatecas, y trasladarnos a la ciudad de Aguascalientes, para empezar a caminar desde ahí, ya que es la tradición de nuestro pueblo.

Llegamos como a las 6 de la tarde a Aguascalientes, y tomamos el rumbohacia el sur. Pronto nos dimos cuenta que no estaríamos solos, ya que iba muchísima gente caminando cerca de nosotros, tanto adelante como atrás. Unos ya expertos en caminatas, que nos rebasaban sin mayor esfuerzo. Otros, con un paso lento pero firme. Y así, te encuentras gente por todo el camino, y en las condiciones más raras, desde gente con grandes bultos cargados, otros vencidos por la fatiga,etc. etc.

En fin. Caminamos por un buen rato, hasta llegar al municipio de Encarnación de Días, Jal. Para enfilar camino directo a San Juan. Francamente, nosotros no conocíamos el camino, así que íbamos siguiendo al tumulto de gente, es decir, íbamos a ciegas, guiados sólo por el rumbo que tomaban los demás. Aún así, la plática entre nosotros era amena y muy particular.Comentábamos que cuando estás fuera de casa y te encuentras a alguien de tu pueblo o de tu región, o incluso de tu mismo país, te sientes tan bien, y aunque no lo conozcas, te identificas porque es alguien con tus mismas tradiciones y raíces. En eso, nos encontramos a un señor de nuestro pueblo, que caminaba cerca de nosotros y lo alcanzamos.

A este señor lo conocíamos todos, yaque frecuentábamos un billar de la comunidad en donde los señores mayores se reúnen también, pero ellos a jugar dominó. Dijo uno de mis compañeros: ¡Mira, don Pancho! ¡Vamos a alcanzarlo!

No hubo dificultades para alcanzarlo, pero al llegar junto a él, lo vimos como muy triste, como cansado, y pensamos que era lógico, pues sus condiciones físicas, por su edad principalmente, ya estabanbastante mermadas. Sin embargo, su paso era firme y constante.

-Don Pancho, espérenos!- dijimos al señor. De reojo volteó, y como si nada, siguió caminando y digo: -tengo que llegar antes de amanecer, sigamos.- En ningún momento detuvimos la marcha, y tal parecía que sacaba fuerza no sé de donde, porque hubo momentos en los que ya íbamos nosotros muy cansados, y él como si nada.Digo, un paso muy firme y constante.

Nosotros decidimos seguir a su lado, ya que, como hacía unos momentos comentábamos, nos daba gusto ver gente del rancho, y queríamos acompañarlo por si se le ofrecía algo. Siguiendo nuestro camino, él nos platicó que iba a pagar un favor a la Virgen de San Juan, ya que, en su juventud, había caído aparatosamente de un caballo sobre un empedrado, y...
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